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Nueva democracia
José Luis Guardado Tiscareño
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19 de Julio del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Luego del contundente triunfo en prácticamente todo el país del partido político MORENA, con el cual se logró no solo la alternancia política, sino reconfigurar el escenario político de nuestro país, trastocando lo más profundo de sus cimientos y generando una serie de expectativas a favor del cambio, han llevado a una nueva visión y corriente de opiniones, que aunque pudieran ser opuestas, coinciden en el hecho de que México se encuentra en un momento clave entre el pasado y el futuro.  

Pero el triunfo de un nuevo partido político, el ascenso del poder de la llamada izquierda mexicana y de todas las promesas hechas por el próximo presidente de la República, no son suficientes para transformar al país, si bien es necesario aceptar que se ha dado un gran logro en términos de mejorar nuestros procesos y cultura democrática, lo cierto es que todavía estamos muy lejos de consolidar una auténtica democracia y de producir una participación y representación de la ciudadanía. 

Hoy los mexicanos tenemos que entender que el cambio y las expectativas que representa un nuevo gobierno tienen que reflejarse en términos de modificar de fondo las fuerzas de poder y la manera en que se redistribuye la riqueza, solo así podremos aspirar a una transformación real, sobre todo para los más desprotegidos. 

Los próximos 6 años deben ser el momento para construir la base de una nueva cultura política y democrática, donde no solo se cambie si no que se mejore. Pues lamentablemente, de nada nos servirá cambiar de partido, presidente, incluso de régimen de gobierno, si la misma clase política, ideas y prácticas de siempre siguen manteniéndose en la conducción de nuestro país. 

Los encuentros entre el presidente Peña Nieto y el candidato ganador López Obrador, quien a su vez a convocado en términos republicanos a los gobernadores del país e incluso se ha acercado con la clase empresarial y otros grandes actores sociales, económicos y políticos dan muestra de civilidad y madurez política que por mucho, muchísimo tiempo estuvo ausente en el escenario nacional. 

Sin embargo, de manera casi paralela también han surgido actitudes que son más familiares, donde se siguen privilegiando las posturas partidistas, grupales y hasta individuales, donde el revanchismo electoral mantiene rasgos de inmadurez y torpeza que simplemente son incapaces de reconocer la necesidad de trabajar por el beneficios social y nacional.  

De poco sirve un ambiente postelectoral a nivel nacional tan positivo como el actual, si de manera local siguen pesando más los protagonismos y chantajes de algunos que insisten en mantener la visceralidad por encima de la institucionalidad, la diplomacia y hasta el profesionalismo. 

Mientras que los políticos no antepongan su función pública a los intereses partidistas o personales, y mientras que sigan respondiendo a las directrices de sus patrones o padrinos políticos y económicos en lugar de representar los intereses de la población, México seguirá sumido en el subdesarrollo político y económico. 

Y con ello, las esperanzas de una nueva democracia y un mejor país se disolverán con el tiempo y las acciones de una clase política que hasta hoy se sigue manteniendo en el poder y rehúye a las exigencias de los mexicanos serán la condena de nuestro futuro. 

*joshguardado@gmail.com