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Pollos y polleros: la cadena ilegal que trafica migrantes en Tijuana
Excélsior
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30 de Julio del 2018 12:29 hrs
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Liga Corta




AFP / Ante la política de tolerancia cero para la migración ilegal a Estados Unidos, los polleros son cada vez menos requeridos.

TIJUANA, BC.- La cadena del tráfico de indocumentados en esta ciudad compuesta por elementos como el talón, el clavo, el pollo, el cobrón y el encargado de “dar el brinco”.

El proceso inicia con el talón, que son hombres y mujeres entrenados en detectar a los recién llegados a la ciudad, desconcertados muchos de ellos, a quienes ofrecen sus servicios: por 5 mil o 6 mil dólares los cruzan hacia Estados Unidos en forma ilegal, o por 12 mil dólares a través de alguna de las garitas, utilizando documentos falsos, robados o rentados.

Javier, pollero de la Zona Norte desde hace más de tres décadas, explica que el clavo es el escondite donde los pollos son mantenidos durante varios días hasta que “se junta el viaje”, es decir, un grupo de indocumentados que serán cruzados en una camioneta panel o minivan, o hasta que se consigan documentos adecuados para el cliente.

Por lo general los clavos son casas en estado de semiabandono, ubicadas en colonias como la Libertad, cercana a la garita de San Ysidro, o en la Zona Norte, tierra de polleros apalabrados con la policía municipal, aunque en algunos casos son inmuebles comunes que no llaman la atención de las autoridades, donde son confinados los clientes VIP, aquellos que pagarán sus servicios con el dinero enviado por familiares en Estados Unidos.

Ahí, los pollos son resguardados y no tienen permiso para salir a las calles, por lo que se les proporciona agua y alimentos, pero son vigilados de cerca por custodios.

En tanto, el cobrón hace gestiones con los familiares del indocumentado para conseguir el pago si es que el cliente no cuenta con el monto requerido para cubrirlo en una sola exhibición. El cobrón se encarga de recibir el pago a través de cuentas de transferencia de remesas.

Cuando el pollo es menor de edad, un pollito, hay otra forma de internarlo en Estados Unidos gracias a las mujeres conocidas como welferas, las cuales viven de la ayuda social en Estados Unidos (Welfare).

“Vienen a Tijuana con tres de sus cuatro hijos, y como sólo cruzan con actas de nacimiento de los menores, hacen pasar al pequeño indocumentado como uno más de sus hijos”, explicó Víctor Clark Alfaro, director del Centro Binacional de Derechos Humanos.

 

El momento del cruce

Tras una espera de dos o tres días, el pollo cruza hacia Estados Unidos a bordo de algún vehículo que se interna por una ruta preestablecida con el fin de que ninguna autoridad lo intercepte, o con documentos ilegales, entre los que destacan las visas robadas, que requieren un cruce inmediato antes de que sean reportadas. También hay casos en los que las visas son rentadas por sus titulares, quienes así obtienen algunos ingresos.

En el cruce de indocumentados ahora ya no hay un “guía” que arriesgue su vida o su libertad al marcar el camino para internarse en Estados Unidos.

Ese trabajo lo hacían los hijos o sobrinos de los grandes polleros, que de esa forma se entrenaban para cuando esas rutas fueran suyas, pero hoy el brinco se lleva a cabo con la ayuda de la tecnología: smartphones, GPS y Whatsapp sirven para que al menos uno de los indocumentados vaya recibiendo instrucciones paso a paso para encontrar los caminos, rutas, veredas y escondites desde las zonas montañosas hasta llegar a territorio estadunidense. Por ese tipo de cruce, las personas deben pagar hasta 6 mil dólares.

 

Polleros en crisis

Algunas bandas de traficantes de indocumentados se enorgullecían de haber cruzado hacia Estados Unidos a generaciones enteras de familias.

En esta frontera fueron célebres las bandas de Los Peralta, Los Obispos o Los Avispos, pero en la década de los noventa surgieron falsas bandas de polleros, que en vez de cruzar a sus clientes, los asaltaban, violaban y mataban.

Ante la política de tolerancia cero para la migración ilegal a Estados Unidos, fijada por la administración de Donald Trump, los polleros en Tijuana son cada vez menos requeridos.

“En los últimos años, el número de gente que llega se ha reducido a su mínima expresión, y esa reducción dramática en el número de migrantes impactó en el mundo de los traficantes de indocumentados, y muchos comenzaron a quedar desempleados”, señaló Clark Alfaro.

 

Arriesgan todo por el Sueño Americano

Hombres camuflados como sillones de carro, mujeres ocultas detrás de los tableros —por su delgada complexión—, niños hundidos en los tanques de gasolina; éstas y otras son las formas más ingeniosas con que las bandas de traficantes de indocumentados buscan cruzar ilegales por las garitas de esta ciudad.

Detectados por la Border Patrol, estos son algunos de los casos de connacionales que son escondidos en el interior de algunos de los 70 mil vehículos que diariamente cruzan la garita de San Ysidro

Con una afluencia anual de 25 millones 200 mil autos, los tiempos de revisión son de apenas unos cuantos segundos para que los agentes del Inmigration Custom Enforcement decidan si el vehículo que intenta cruzar “está limpio”; sólo el olfato de los oficiales y de sus perros les ayuda a determinar que el automóvil pase a inspección secundaria.

Ahí es donde, con apoyo de la tecnología más sofisticada como arcos detectores de rayos Gamma, los elementos del ICE se han encontrado con escenas inimaginables: hombres, mujeres y niños amontonados en compartimientos ocultos, indocumentados montados sobre el motor de los vehículos, y hasta menores ocultos en tanques de gasolina.

“Esto no lo hace un solo pollero”, dicen los experimentados agentes de la Border Patrol: “Esto es trabajo de una banda bien organizada de gente que le dedica mucho tiempo y mucho dinero a su trabajo. Por un cruce de esta naturaleza, las redes de traficantes de indocumentados llegan a cobrar hasta 15 mil o 20 mil dólares.

Las escenas más crudas son las de aquellos niños empapados en gasolina, sacados por los elementos de la Border Patrol con sumo cuidado ya que un paso en falso podría costarles la vida.

“No me imagino a un padre poniendo en peligro la vida de su hijo dejando que los metan en un tanque de gasolina, con poco combustible apenas el suficiente para cruzar la frontera, pero bastante como para ahogar a un niño, o para asfixiarlo con sus vapores tóxicos”, indican los jefes de sector de la Border Patrol en San Ysidro, quienes muestran estas y otras imágenes para disuadir a los connacionales de intentar cruzar mediante estos métodos peligrosos.

“Una mujer, por pequeña que sea, puede salir seriamente lastimada si se le esconde detrás del tablero de un carro, puede estar expuesta hasta a un choque si el conductor decide huir cuando es detectado”, agregan los oficiales que exigen el anonimato para revelar el panorama con que se enfrentan en las garitas de San Ysidro u Otay Mesa.