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Fuera de contexto
Huberto Meléndez Martínez
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21 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




A la maestra Dalila Moncada Vázquez, procedente de una familia de talladores de palma y lechuguilla.

Ella recuerda de la infancia que vivía en El Mezquite, un ranchito al sur del estado de Nuevo León. Su casa era de adobe, piso de tierra, con techo de terrado, sostenido con una capa de carrizo y soportado por morillos de madera incrustados en las paredes. Su padre lograba sostener a la familia combinando sus actividades agrícolas con el tallado de la lechuguilla y palma samandoca.

Aprovechando la cercanía con la ciudad de Saltillo, por temporadas iba a vender tunas y aguamiel tocando casa por casa. Esporádicamente entregaba pulque en una panadería donde hacían pan artesanal.

Era la menor de seis hermanos, sólo uno varón, quien le antecedía y enseñó a jugar al trompo y las canicas. Los juegos de las muñecas habían sido para sus hermanas mayores.

Mamá y papá hacían verdaderos milagros para mandarlos a la escuela primaria. Era impensable enviar a alguien a cursar la secundaria, pero sus buenas calificaciones le permitieron acceder a una beca, así que, de apenas 11 años tuvo que dejar a su familia para irse a San Antonio de las Alazanas, comunidad distante a una hora y media de camino, pero sin posibilidades de viajar con frecuencia. Sólo podía estar con ellos durante las vacaciones. 

Por fortuna al graduarse se enteró de la existencia de una escuela Normal a la que podían acceder hijas e hijos de los productores de ixtle. Presentó su solicitud con los documentos y aprobó los exámenes. El estudio socioeconómico determinó la disponibilidad de una beca, pues se otorgaba a los aspirantes de más bajos recursos. Automáticamente quedó convertida en la esperanza de la familia.

Le emocionaba de sobremanera la preparación que recibía. La vocación de la escuela se orientaba a promover el desarrollo comunitario, en el aspecto educativo, cultural, político y social. 
Abrazó el ideario involucrándose en todas las actividades que le fue posible, teniendo prioritario el seguir con alto promedio, para garantizar la disponibilidad de la beca.

Emocionada por la formación profesional hacía planes desde sus prácticas docentes y después durante el servicio social, para cumplir con la misión de promover el arraigo del magisterio en las comunidades rurales, combatir el ausentismo, fomentando la unidad y la sana convivencia de tutores y madres de familia, preparando sus clases donde sus alumnos estuvieran contentos y animados por seguir aprendiendo, se multiplicaban las ilusiones esperando con ansiedad la plaza y el lugar para desempeñar su función.

Por cuestiones políticas entre las autoridades de la Secretaría de Educación con los propósitos antes descritos, se implementó una dinámica adversa y su generación fue distribuida en otras regiones del país.

Tuvo que aceptar el trabajo en el estado de México, en un contexto totalmente distinto al que había vivido hasta esos años. Decidió tomar lo positivo de la circunstancia y dos años después logró cambiarse al sur del estado de Coahuila, donde pudo cristalizar sus anhelados sueños de ser maestra rural.

*Director de Educación Básica Federalizada
huberto311@hotmail.com