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Crónicas de violencia
Le llegó la muerte en soledad
Lilith Rivera
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29 de Agosto del 2018 05:00 hrs
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Liga Corta




Cortesía / Su cuerpo estaba inerte, tirado en medio de la nada.

Como cualquier otro día, don Pedro, hombre entrado en los 90 años se levantó de madrugada y acudió a sus parcelas.

Ni bien aparecía el sol cuando encontró algo siniestro en sus cultivos: un hombre tirado, bañado en sangre, por instinto, don Pedro lo golpeó con el bordón para ver si obtenía alguna reacción, pero el cuerpo estaba inerte.

Era de “algún muchachillo”, porque su cara se veía joven y ya con la luz del sol pudo ver el camino que el joven siguió para dar su último aliento, pues había rastros de sangre en el sembradío.

Murió en soledad, con mucho frío

Don Pedro pensó que aquel muchacho estuvo involucrado en una balacera como de película que ocurrió en la cabecera municipal, muy cerca de su comunidad.

Unos días antes, frente a una gasolinera en la salida del pueblo se habían enfrentado a balazos grupos contrarios del crimen organizado.

Una de las camionetotas quedó calcinada afuera de una gasolinera muy cerca del lugar.

Mientras que “varios muertos fueron dejados por horas a un costado de esa troca”, le dijo después uno de sus nietos.

Se matan como si nada importara

También le contó de las escenas que parecían sacadas de la ciencia ficción, cuando unos y otros se perseguían en sus autos y se disparaban con armas largas sin importar que hubiera gente inocente en las calles.

Un sábado por la mañana por lo menos seis vehículos fueron encontrados abandonados con rastros de sangre e impactos de bala.

Otros pobladores vieron como unos muchachos que chocaron contra un poste eran privados de su libertad por otros jóvenes.

Ese fin de semana el miedo hizo de ese pueblo su guarida.

En total, las autoridades informaron de siete fallecidos por el enfrentamiento entre grupos antagónicos del crimen organizado.

Pero los pobladores aseguran que fueron más los que murieron ese día.

Por las heridas que el muchacho tenía era evidente que fueron causadas con un arma de fuego y que tratando de huir de la refriega se internó en el monte sin saber que ahí moriría.

Rezará por él, por si nadie lo hace 

Don Pedro, con una mirada triste dice que no quiere ni imaginarse los tormentos previos a la muerte del muchacho.

El muchachillo, menciona, no era de por aquí, su carita no era conocida y se cuestiona si sus familiares se habrán enterado que murió o si aún aguardan su regreso.

Él asegura que cada noche reza por el descanso eterno de aquel joven, por si nadie más lo hace.

Todavía no salía del asombro de ver aquel cadáver cuando se enteró que las autoridades habían descubierto una bodega con autos robados.

Una muchachita joven, conocida de toda la vida estaba al parecer implicada.

Con su casi siglo de vida don Pedro no da lugar a lo que vio.

“Nunca pensé que los muchachos se tomaran la vida tan a la ligera y que hicieran cosas que no van con lo que uno les enseña”, se lamenta don Pedro.