Friday 02 de December de 2016

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Juan Carlos Ramos León      31 Aug 2014 22:00:02

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Hasta parece que ya me gustaron las matemáticas. No. No me gustan, nunca me gustaron ni me gustarán.

Pretendo dar un poco de continuidad al tema que, en palabras de otro ciudadano de a pie que me hace el favor de leer este espacio, “tuve el valor” de abordar. El asunto de la homosexualidad.

Compartía con ese ciudadano de a pie que expresar públicamente una postura a favor de la heterosexualidad no debe de ser un acto de valentía. No lo creo justo.

Tal parece que se han invertido los papeles y que, como concluía la semana pasada, ahora resulta que los heterosexuales somos quienes nos estamos convirtiendo en víctimas de la discriminación sexual.

No se trata de decir “yo estoy bien y tú estás mal”; es un tema delicado y por ello se vuelve importante resaltar que estar a favor de la heterosexualidad o estar en contra de la homosexualidad son dos posturas diferentes.

Yo creo que lo que ha llevado a esta especie de explosión homosexual de salir a las calles de forma tan escandalosa han sido, precisamente, años y años de una severa discriminación.

Los heterosexuales debemos de volvernos más tolerantes con quienes muestran tendencias sexuales distintas a las nuestras y viceversa.

Sin embargo, y lo expreso aquí como un punto de vista muy personal, que se origina en aquellas creencias y valores con las que fui formado, soy de la opinión de que ese respeto al homosexual y esa tolerancia a su estilo de vida no deben de dejar fuera la oportunidad de procurarle una adecuada orientación. Expresaba aquí que la naturaleza de como fuimos creados es imposible de contradecir y en ese principio fundamento la postura de que la homosexualidad es una desviación del plano natural.

Por esto mismo, quienes nos encontremos dentro del círculo de confianza de una persona con estas inclinaciones tendríamos que seguir el siguiente proceso: Aceptar y tolerar, primero; encontrar la oportunidad para abordar el tema de una manera fraternal y respetuosa, después para, al final, dejar actuar al libre albedrío y cerrar como se comenzó: con tolerancia y aceptación de la decisión tomada por el individuo en cuestión.

No hay más. Lo presento así de simple pese a que estoy consciente de que es bastante más que complicado.

Tal vez ese sea nuestro mayor problema como seres humanos, que no hemos sido capaces de abordar las situaciones complejas con ideas y análisis sencillos; tal vez sea que ha predominado nuestro orgullo y el deseo de imponer a otros nuestra forma de pensar.

Al igual que en otros asuntos creo que todo es cosa de que los de ideas opuestas nos sentemos a platicar poniendo como única regla aquella máxima de Voltaire que afirma: “Podré no estar de acuerdo con lo que digas, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo”.




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