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¿Como desarrollar un potencial?
Huberto Meléndez Martínez
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16 de Febrero del 2015 20:56 hrs
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Liga Corta




Como todos los inicios son importantes en la vida de las personas, aquel profesor aguzaba su atención en la dinámica escolar del plantel al que recientemente se había incorporado.

En esos días se había citado a los tutores a una reunión ordinaria, para informar sobre el desempeño escolar de sus hijos.

El director le asignó compartir las actividades de asesoría de un grupo de primer grado, con la maestra que impartía artes y matemáticas. Pronto encontraron afinidad en sus estilos de trabajo.

Llegaron los tutores de sus pupilos y tomó la batuta para iniciar la asamblea, aprovechando el contacto previo que tenía con los asistentes.

La maestra empezó agradeciendo la presencia de los tutores, atendió la agenda de actividades, compartió la información general y fue entregando los registros de calificaciones y comentando especificaciones en el caso de los que mostraban inasistencias o bajas notas invitando a madres y tutores a involucrarse en los estudios de sus hijos.

Era notoria la paciencia y la amabilidad con que trataba a todos. Su tono de voz denotaba firmeza en sus apreciaciones.

Para terminar la reunión les invitó a escuchar la siguiente reflexión.

“Por azares del destino cayó a un gallinero, un aguilucho, el cual se adoptó a la forma de vida de los polluelos. Fue creciendo en aquel lugar y comía lo mismo que los demás, hacía cosas similares y hasta intentaba cacarear como las gallinas, con un tono grotesco. Tiempo después pasó por ahí su madre el águila. Lo reconoció de inmediato, así como toda madre reconoce a sus hijos por el denominado llamado de la sangre.

Se acercó al corral y empezó a llamarle, decirle que se aproximara a ella y que se fueran volando alto, por entre las nubes.

El aguilucho había crecido un poco y desconocía si podría hacerlo, sólo sabía lo que había aprendido en su entorno.

El águila, angustiada le insistía: ven aquí, ven conmigo, vamos a volar, tu lugar está en las montañas, en las alturas, desde allá podrás contemplar al mundo. Tú no eres gallina, las águilas son distinguidas por su majestuosidad.

El águila hijo se extrañaba del llamado y prefería escarbar y revolcarse entre el estiércol, jugando con los demás pollos. La insistencia de la madre le era indiferente, él estaba a gusto y quería seguir en ese sitio”.

La maestra dijo a los padres: “Así sus hijos, quizá están llamados a ser grandes, ustedes deben apoyarles a reconocerse como buenos hijos, estudiosos, con un potencial maravilloso que es necesario desarrollar.

Llámenles siempre, impúlsenles a dar lo mejor de sí, a incursionar en las diversas actividades escolares.

En alguna de ellas podrán descubrir su talento y habilidad”.

Esta maestra logró encontrar entre sus alumnos magníficos pintores, excelentes dibujantes, magníficos bailarines, notables académicos. Su ejemplo podrían seguirlo otros docentes y con seguridad se multiplicarían los estudiantes sobresalientes, que tanta falta le hacen a nuestra comunidad.

Expresidente de la ANPM