×
×
×
×


Búsqueda


Introduzca su búsqueda



Ser estudiante
Huberto Meléndez Martínez
~
25 de Mayo del 2015 22:07 hrs
×


Compartir



Liga Corta




A Diego Alonso, esperando que la experiencia de 
los años haya consolidado su personalidad.


“Yo puedo obtener mejores resultados que Fidel”, dijo un estudiante de Secundaria, con aires de suficiencia y matices de presunción, mientras se realizaba la etapa eliminatoria de un concurso académico. El maestro de Matemáticas tuvo una sensación entre inquisitiva, dudosa y desconcertante. ¿Por qué no había querido participar, si lo había invitado en reiteradas ocasiones?. Sabía que tenía sobrada capacidad para representar dignamente a su escuela.

Dedicó varias sesiones de clase a ejemplificar el tipo de competencia; estudiaban con ahínco, practicaron en conjunto las estrategias para resolver asertivamente los exámenes, en consenso discutieron y debatieron los procesos distintos con los que podrían abordarse las situaciones problemáticas. Había tenido dificultad para decidir quién participaría representando al grupo, porque era evidente el interés, las habilidades y entusiasmo de sus estudiantes.

La actitud de este muchacho trajo el recuerdo de una frase que antaño dijo un viejo profesor. Decía que en la vida hay dos tipos de personas, las que van en el desfile y las que contemplan ese desfile. Cada quien decide a qué grupo pertenecer. Lo comentaba a estudiantes que se resistían a participar en una ceremonia cívica importante, de las preferidas por los jóvenes. El atractivo principal era conformar pirámides humanas, mismas que se ejecutaban a lo largo de las calles céntricas de su pueblo, en un ambiente festivo con música, colorido, gritos, vivas y aplausos de familiares y amigos.

¿Por qué habrá personas con gran talento que deciden ausentarse de esos escenarios? A tutores y maestros les sería útil conocer las razones, a fin de buscar formas para motivarles a que participen, muestren y desarrollen su potencial en beneficio propio.

Por muchos años, el profesor meditó sobre la personalidad de este joven, pues tampoco fue el único caso que conoció en las escuelas. Quiso entender los porqués de saberse con capacidad sin mostrarla al mundo. Por qué guardar para sí mismo cualidades y virtudes que podrían haberle realizado como buen estudiante y buena persona.

Diego Alonso simplemente dijo que no quería participar, quizá tenía interés en incursionar en otros ámbitos de la vida escolar. Era destacado en la mayor parte de las asignaturas, en el Club de Pintura y el Club de Ajedrez, desganado en el Club de Danza e indiferente a las actividades deportivas. Sus profesores ignoraron sus aspiraciones a largo plazo. Debieron haberse ocupado de indagarlo para poder ayudarle a que participara en otras acciones previas y orientarlo hacia el camino del éxito.

La juventud tiene una percepción de la vida fincada en la incertidumbre, el desconocimiento, mismo que genera temores. Tal vez por eso deciden concentrar su atención a las situaciones de convivencia, al esparcimiento o al aislamiento.

Los años del tránsito de la juventud a la adultez, la dedicación que se aplica a los estudios, a incursionar en diversos escenarios formativos, va propiciando claridad en las metas a alcanzar. ¿Qué deben hacer los profesores y la familia para convencer y sensibilizar adecuadamente a estos jóvenes