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?Espejitos y lentejuelas
Juan Carlos Ramos León
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22 de Mayo del 2016 19:24 hrs
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Liga Corta




Dicen los que saben que, en materia electoral, existe para cada partido un “voto duro”, es decir, aquel que dan los militantes y simpatizantes por convicción, y, por supuesto, el voto que se da en contra por quedar a favor de un partido opositor. Pero hablan de que existe un sector del electorado muy importante: los indecisos. Y resulta que es importante porque es precisamente ese sector el que puede marcar la diferencia en una elección.

Pues bien, sobre el tema de las amplias concesiones que se han brindado a quienes promueven toda esta corriente del homosexualismo, yo tengo una teoría que anda obedeciendo más o menos al mismo comportamiento.

Hace apenas tres meses el presidente recibía al máximo jerarca de la Iglesia Católica -promotora de la cultura de la vida y de los valores familiares y humanos emanados de la naturaleza del hombre- con las palabras “Su Santidad Francisco: (...) Éste es el México que lo recibe con el corazón y los brazos abiertos.

Somos una comunidad que valora a la familia”. Ahora ha llevado al Congreso una propuesta de ley para legitimar lo ilegítimo, esto es, la unión entre dos personas del mismo sexo, comenzando con esto la destrucción del esquema familiar natural que este país se enorgullecía de conservar.

Tengo la seguridad de que el “voto duro” a favor de las uniones homosexuales no hace ni tantita sombra al que se da a favor de la familia tradicional; luego entonces están los que a veces están a favor y a veces en contra por lo que yo considero una falta de formación en materia de moral, y que una buena forma de ganar su simpatía –algunos lo llaman “populismo”- es adoptando una postura compasiva a favor de quienes se han hecho pasar por una indefensa, incomprendida y discriminada minoría.

Por lo tanto, si usted es de los que piensa que “qué bueno que México se está abriendo a la modernidad”, le sugiero que se dé su tiempo para reflexionar si más bien no es que le están tomando el pelo, tratando de tomar su oro a cambio de espejitos y lentejuelas.