Wednesday 07 de December de 2016

A pesar del profe

Huberto Meléndez Martínez      23 Jun 2014 20:40:11

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Dedicado a las personas que no obstante a la adversidad, lograron sus metas.

La peculiar historia del profe Cándido Vázquez, en su encuentro con las matemáticas, fue desafortunada. Aun así, logró convertirse en un notable maestro en secundaria. Quien escribe estas líneas, tuvo el privilegio de conocerle y admirarle.

“Cuando estaba en la secundaria, el maestro de matemáticas nos hacía la clase demasiado insípida, además de faltarle control del alumnado. A los únicos tres que le poníamos algo de atención (más por respeto que por ganas de aprender) nos sentaba en pupitres más cercanos al pizarrón y solo se dirigía a nosotros, mientras el resto del grupo hacía total desorden. “Si ellos me ignoran, yo también los ignoro a ellos”, parecía pensar. Esto fue durante dos años, al final de cada ciclo todos aprobamos el curso, ¿cómo? quién sabe.

“En tercer grado, llegó un maestro nuevo, aparentemente muy formal, algo estricto… exigente. “Con éste sí voy a aprender”, pensé. Nos dijo que el libro que ya habíamos comprado para el curso no servía y nos exigió comprar de otros autores, junto con su correspondiente cuaderno de ejercicios, además de la tabla de algoritmos. Nos dio clases solo un par de semanas luego renunció.

“Dos semanas más sin clase y llegó otro maestro. Nos lo presentó el director y lo dejó para que el profesor nos planteara cómo pensaba llevar su clase. La mayoría de los alumnos éramos mayores (De 15 a 18 años), el maestro se puso muy nervioso y un “tic” lo traicionó”.

“Apenas iniciada su charla, se le escapó un ‘psst’ de sus labios; continuó su discurso, pero apareció otro ‘psst’… Trató de continuar, pero sus palabras se hicieron menos entendibles y los ‘psst’ surgieron con más frecuencia; su rostro se puso rojo, blanco, morado, en fin, de todos colores. Solo acató a decir “Bueno muchachos, psst, hasta mañana, psst”, saliendo precipitadamente del salón”.

“Como era de esperarse, nuestra aula empezó a llenarse de ‘psst’ cada vez más sonoros, como eco de la única enseñanza que logró darnos aquel inocente maestro”.

“El bullicio atrajo la presencia del director, con un asombro que no cabía en su rostro, ¿qué había pasado? ¿Por qué el maestro se despidió de él diciéndole que se había dado cuenta que no estaba preparado para tan grande responsabilidad? Se hizo un enorme y temeroso silencio, pero para fortuna de nosotros, la jefa de grupo alzó su índice, pidiendo permiso para hablar. Con mucha propiedad le explicó lo sucedido”.

“Al día siguiente, el director nos dijo que, no quedándole otra opción, había decidido que nuestro maestro de matemáticas sería ¡el mismo que tuvimos en primero y segundo grado!”.

Seguramente muchos de los lectores de este texto y que alcanzaron éxito en sus propósitos, tuvieron vivencias semejantes en alguna área de conocimiento. Probablemente todavía se hagan preguntas parecidas a las de este singular maestro.

“¿Cómo me empezó a gustar esta materia? ¿Cómo aprendí lo poco que sé de ella?”
 




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