Thursday 08 de December de 2016

¿A usted le gusta pagar impuestos?

J. Luis Medina Lizalde      16 Jan 2014 00:00:05

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La contadora pública Patricia Salinas, titular de la Secretaría de Economía, en el marco de una entrevista radiofónica con Pancho Esparza en su conocido programa matutino, salió en defensa de la línea fiscal del gobierno de Peña Nieto aludiendo a lo que ella percibe como una resistencia al pago de impuestos, según lo pude entender, más por razones de idiosincracia que por otra cosa, solo así se puede entender su aseveración de que “no nos gusta pagar impuestos” sin que se pregunte de dónde surge la resistencia.

La coartada ha sido recurrente desde los años 80 del siglo pasado, cuando se fue extinguiendo gradualmente el flujo de recursos procedente de las utilidades de más de mil empresas públicas que fueron entregadas a particulares y que obligó al gobierno a una política recaudatoria expoliadora del sector cautivo y al mismo tiempo complaciente con una reducida minoría de super ricos, a los que históricamente se les ha dado trato privilegiado.

Hoy el clamor es más fuerte debido a que las utilidades petroleras serán compartidas con trasnacionales y el gobierno, para llenar el hueco, ha radicalizado la política fiscal recaudatoria con una inclemencia tal que mantiene en la zozobra a 15 millones de familias mexicanas como consecuencia de la eliminación del régimen de pequeños contribuyentes y con la imposición de obligaciones de facturaje cibernético de muy difícil implementación.

La afectación es para casi todos los sectores, pero no en igual proporción, pues según reportes de la propia Secretaría de Hacienda, los asalariados se hacen cargo desde hace 13 años de un 48% del ISR y las empresas donde laboran, de un 39.3% (nota de Antonio Zuñiga, La Jornada, 14 de enero de 2014).

Ello no evita advertir que la reforma fiscal que inició su vigencia el 1 del año en curso es sumamente adversa no solo para los sectores sociales tradicionalmente maltratados como los sectores populares y las clases medias, sino que ahora la mediana y la gran empresa no monopólica son víctimas de un modelo fiscal salvaje. Así las cosas, se auto engaña quien insiste en atribuir el descontento a una deformación cultural que hace que “no nos guste pagar impuestos” en contraste con otras sociedades que pagan más altos porcentajes tributarios sin renegar como nosotros.


La legitimación despreciada
Nadie puede sostener válidamente que somos “agarrados” por definición, abundan los ejemplos que prueban la disposición sin límites a financiar obras materiales, servicios, festividades sin pedir algo a cambio. Cada vez que sucede una catástrofe natural la respuesta solidaria de la gente no se hace esperar. Los que han participado en luchas sindicales, campesinas, electorales o cívicas han conocido que la gente “le pone” en la medida que cree en la causa, inclusive los núcleos guerrilleros tan permanentes en la historia nacional, aunque lo callen los medios de comunicación, no tendrían la mínima posibilidad de sobrevivir sin la generosidad clandestina de su entorno, siendo esto cierto vale que nos preguntemos a qué se debe el malestar que ocasiona tener que pagar impuestos.

Una de las razones es la renuncia expresa a la legitimación anual del gasto público futuro mediante la liberación pública, informada y suficiente cuando el Poder Ejecutivo turna su propuesta de presupuesto al Poder Legislativo. Zacatecas y sus presupuestos aprobados sin “cambiarles una coma” dan cuenta cabal de ello.


Otro motivo es la renuncia puntual a la legitimación anual del gasto ya ejercido. La aprobación de las cuentas públicas en función de consideraciones de coyuntura, el rosario de anomalías vertidas a los medios sin consecuencia alguna, la permanencia y continuidad en la política remunerada de individuos públicamente señalados como anómalos administradores de recursos públicos describen el desinterés por legitimar el uso de nuestros impuestos.

Algo que desalienta el pago de impuestos es el derroche de los mismos en la promoción egocéntrica de gobernantes narcisos que suponen que la comunicación política con cargo al contribuyente es para difundir méritos propios reales o ficticios y no para comunicar realidades y alternativas.

Legítima resistencia
Efectivamente, México tiene un bajo porcentaje de recaudación del Producto Interno Bruto comparado con otros países, inclusive latinoamericanos. El rechazo a los impuestos no es deficiencia cultural, sino resistencia legítima, instintiva todavía, ante una política fiscal que en vez de redistributiva es meramente recaudatoria y profundamente oligárquica.

Tenemos años de conocer hechos de corrupción gravísma que no echan a andar la maquinaria judicial, el tráfico de influencias y “las mochadas” para “bajar recursos” divulgadas mediante el espionaje telefónico en otros países llevaría a prisión a prominentes políticos, aquí, no pasa nada... todavía.

Nos encontramos el lunes en El recreo.
 




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