Tuesday 06 de December de 2016

Abril 24 de 1914

Marco Antonio Flores Zavala      23 Apr 2014 21:00:05

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Edificio federal, cuya fachada fue reconstruida para el Congreso del Estado. (Cortesía)
Edificio federal, cuya fachada fue reconstruida para el Congreso del Estado. (Cortesía)
Para Mariana Terán Fuentes, acuciosa investigadora de la patria.

El diputado Leopoldo C. Caballero, político originario de Tlaltenango, comisionó a José Macías Ruvalcaba para redactar un manifiesto. Lo hizo el 23 de abril de 1914.

Caballero ordenó la comisión como presidente del Congreso zacatecano.

Macías Ruvalcaba era un apozoleño de 1881. Estudió medicina en Guadalajara y fue un activo antirreeleccionista de Juchipila.

En noviembre de 1910 fue acusado de estar comprometido con las armas maderistas. Por ello lo detuvieron en el invierno de ese año.

Macías Ruvalcaba fue legislador maderista-liberal electo en 1912.

Quizá por ello, por su condición político bisagra, fue designado para redactar el texto que llamaría a la unidad política. Su voz sería la voz zacatecana contra la invasión norteamericana de 1914.

El manifiesto apareció el 24 de abril de 1914. El texto lo firmaron nueve de 12 diputados.

El discurso del manifiesto llama a la unidad política para defender la patria. Pero lo más: reconoce diferencias, disidencias políticas y lucha armada en la política estatal.

El texto expresó: “Ha llegado pues, mexicanos, el momento solemne de una lucha decidida, y os conjuramos ardientemente a ella”.

En otros párrafos indicó: “Unámonos. Y sabremos castigar severamente la brutal osadía de nuestros eternos y aborrecidos enemigos, los estoicos judíos del dollar”.

“Restañemos la sangre que sale de las heridas aún abiertas en el seno de nuestra querida patria, para alcanzar la anhelada unidad que nos hará invencibles frente al artero invasor”.

Cierra el texto con henchido patriotismo: “Con la íntima convicción del acendrado patriotismo del pueblo, lejos de las insanas pasiones que corroen y enferman el alma nacional, es de esperarse fundadamente, que ante el amor de nuestra madre común depongamos los odios de hermanos y ante el peligro que la amenaza sepamos defenderla como valientes.

“Que en la guerra contra el invasor no haya en la vasta extensión de la República un pecho en que no palpite el alma mexicana, pletórica, de entusiasmo y ávida de venganza; ¡y resueltos a vencer o morir! Que el que de los nuestros sucumba en la pelea caiga envuelto en el sudario de la inefable gloria del deber, legando a sus hijos, incólume, la incomparable patria de Cuauhtémoc, y limpio, el digno nombre mexicano".

En fin, el documento fue impreso y con hartazgo lo circularon. No hubo éxito total, pero la patria se mantuvo como un bien común.




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