Friday 09 de December de 2016
»El chofer conoce la historia de amor  

Adelita 

Redacción      6 Sep 2014 20:29:10

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(César Navarrete )
(César Navarrete )
Luego de haber conocido la canción de Adelita, el taxista conoció al autor y eterno enamorado de esta famosa mujer.

“Nos dirigimos al tren, aquel que servía de cuartel general al general Urbina, con el deliberado propósito de que viera yo a Adelita, la mujer del pálido capitán Figueroa y la inspiradora de tan emotiva canción.

“Recorrimos el tren casi de punta a punta y ya para llegar a uno de los últimos carros nos encontramos frente a uno igual de los demás, en cuanto a apariencia exterior, pero distinto en su apariencia íntima e interior, ya que ostentaba una escalera para subir por la puerta central, recién pintada de rojo y dentro había una limpieza exagerada, más gracias para acomodar las cosas que componían el ajuar.

“De un extremo a otro de las paredes del carro había sujeta una hamaca y casi en la puerta una mesa de comedor cubierta con un mantel muy limpio. “El carro estaba solo, no había alma viviente en el interior, pasamos de largo un tanto decepcionados y ya en el extremo, al pie del carro, nos encontramos de improviso con la mujer que buscábamos.

“Ildefonso, dándome un pequeño golpe con el codo al mismo tiempo que me hacía una seña con la mirada, me dio a entender que aquella era. “Seguimos caminando sin saludar. Ella, por su parte, ni siquiera nos notó, ocupada como estaba en bañar un rebelde perrito que temblaba de pies a cabeza como un azogado por haber sido empapado en agua fría y embadurnado de jabón sin la más leve consideración   

“Adelita vestía con humildad, aun cuando se notaba en aquella pulcritud y buen gusto. Era una moza de unos 20 años a lo más, blanca, pero de ese blanco rojizo que da el aspecto a las gentes de superabundancia de sangre, un poco gruesa sin ser obesa, su pelo de color castaño claro, peinado en trenzas, las que graciosamente había sujetado en derredor de su cabeza.

“La cara redonda y las facciones agradables, aun cuando su boca era demasiado grande. Su carácter, a juzgar por las bromas que decía al perro y la conversación que sostenía a distancia con una mujer que estaba al otro lado del carro, era jovial, alegre.

“Nos detuvimos para observarla discretamente más allá de donde ella estaba, simulando encontrarnos entretenidos en la lectura de una carta.

“Por fin, terminó la tarea de bañar aquel perro y después de envolverlo en un trapo cualquiera, siempre con bromas en alta voz y denuestos contra las pulgas del humilde canino, subió con paso gracioso a su carro con una amplia y sabrosa sonrisa en sus labios.

“No nos había dispensado ni por equivocación una mirada, de manera que del todo pasamos desapercibidos para ella y para las demás mujeres del vecindario aquel improvisado. 

“Ildefonso me dijo que Adelita, aun cuando era mexicana por nacimiento, ya que había visto la luz por primera vez en el estado de Chihuahua, sus padres eran extranjeros.

“Pertenecía ella a una acomodada familia de mormones, establecida hacía muchos en una colonia de esta raza, muy cerca de Nuevas Casas Grandes, del estado de Chihuahua, más conocida por colonia Dublán.

“Estos extranjeros, dedicados por tradición a la agricultura, vivían su vida un tanto aislados a consecuencia de sus costumbres un tanto extrañas y curiosas.

“Ildefonso me contó que debido a circunstancias desconocidas para él, el ahora capitán Figueroa y Adelita se habían conocido poco antes de que se iniciara la revolución maderista y que, a pesar de las costumbres mormonas que prohíben el enlace con gente que no sea de su raza, Figueroa y ella se amaron en secreto.

“Manuel entonces no era más que un humilde músico de la Vieja Casas Grandes, de aspecto enfermizo y melancólico como hasta ahora, pero que llegada la Revolución por aquellas latitudes, lo convirtió de músico en ciudadano armado, lanzándose a la revuelta.

“Por fin, largo tiempo después de no verla ya cuando se encontraba convertido en capitán de las fuerzas de Francisco Villa, la gente de éste tomaba la población de Casas Grandes, su tierra natal.

“Esta circunstancia aprovechó Manuel, dada la cercanía, para ver y hablar con su amada de antaño y, una noche, la última que pasaban la fuerzas federales del guerrillero en esa población, el músico convertido en capitán fue por ella en la madrugada.

“Llegó al campamento con su precisa carga arriba de su brioso caballo. Desde entonces, viven como ahora, el uno para el otro, siendo el cariño por ella la causa de la canción que ahora le sirve a la gente de Urbina de himno”. 

Continuará... 

Extracto de Choferes de la Revolución
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado




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