Thursday 08 de December de 2016
»Descubren al culpable de la muerte de las bestias  

Agua envenenada 

Redacción      20 Sep 2014 21:33:43

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(César González)
(César González)
La muerte de varios caballos alarma a los revolucionarios del grupo del general Tomás Urbina, pues no le encuentran explicación alguna.

“Al principio se creyó que se trataba de una intoxicación producida por la pastura, pero los encargados a quienes se echaba la culpa protestaron diciendo que podía eso no ser, ya que los otros caballos que aún estaban sanos en esos momentos comían de la misma pastura y que de ningún modo se les hubieran puesto en los pesebres si esta no estuviera en condiciones de que los animales pudieran ingerirla.

“Pero en esos momentos ocurrió que otro de los caballos, uno de los más bonitos, propiedad del general Urbina, echándose empezó a dar muestras de gran decaimiento y hacer movimientos sospechosos, tal como si tuviera grandes dolores.

“Sin pérdida de tiempo se mandó avisar al mismo general Urbina de lo que estaba ocurriendo, así como se trajera al veterinario de la columna para que, de ser posible, salvara la vida de la bestia atacada y dijera la causa de la muerte de los otros caballos.          

“Así se hizo y a los pocos momentos se presentó el médico veterinario y poco después, el general Urbina en persona.

“El primero se encontró con que ya era tarde para salvar la vida del caballo que hacía momentos aún vivía, dándose cuenta el general de que algo grave estaba pasando, pero sin saber qué era, ya que la pastura, a decir del facultativo, nada tenía que ver en esos casos debido a que era magnífica e inofensiva; sin embargo, aseguró que los animales no habían muerto de enfermedad, ya que todos los síntomas eran de un rápido envenenamiento.

“El general Urbina luego increpó a los encargados de cuidar a los caballos, creyendo que eran ellos los que, por circunstancias que desconocía y deliberadamente, les estaba causando la muerte y quién sabe qué suerte hubieran ocurrido los pobres Juanes si no es que el veterinario pensó que tal vez en el agua estaría el secreto.

“Se examinaron los bebederos y nada se encontró anormal en el agua, ya que ésta estaba cristalina y perfectamente limpia, sin embargo, se determinó que alguna bestia probara aquella agua para saber si contenía o no veneno, y de inmediato se mandó traer un caballo de esos flacos y viejos y se le hizo beber de aquella agua.

“Los resultados no se hicieron esperar, ya que el caballo aquel, momentos después se echó para en seguida dar muestras de grandes dolores, debatiéndose con desesperación hasta que al fin dejó de existir a los pocos momentos.

“Todo esto ocurría en presencia del médico de la caballada y del propio general Urbina. Los cuidadores de los animales volvieron a protestar su inocencia diciendo que ellos ni por un momento se habían descuidado de los caballos, ya que no se había acercado nadie a la pila del agua, a no ser ellos y el hijo del dueño del establo.

“Entonces Urbina mandó llamar al muchacho hijo de don Rodrigo, pero a éste no lo pudieron encontrar en ninguna parte del establo, cosa que dio cuerpo e incrementó las sospechas que ya tenía y mucho más cuando el mayor relató al general Urbina el incidente tenido el día anterior con la hija del establero y el hermano chico de ésta.     


“En virtud de que no se pudo encontrar al muchacho que había dormido allí en la noche, se ordenó que saliera una escolta en su busca o en su defecto que esta misma escolta presentara a don Rodrigo, cosa que se hizo con este último dos o tres horas después, presentándolo en su establo en un estado completamente lamentable como consecuencia de la infinidad de golpes que le habían propinado so pretexto de que los había amagado negándose a acompañarlos, cosa inexacta, porque a decir del otro paisano de él, en cuanto le habían dicho que el general Urbina quería verlo, había dejado lo que estaba haciendo para atender el llamado que se le hacía.

“Sin embargo, no se tuvo en cuenta esta información así como el estado en que lo presentaron los soldados, diciéndole el general Urbina en cuanto lo tuvo presente: ‘Por qué envenenó usted los caballos esos, gachupín hijo…’

“‘No señor, yo no he sido’.       

“‘Ya sé que usted por sus manos no lo hizo, pero mandó a su hijo que lo hiciera’.

“‘Tampoco él, general, al contrario, él les ha dado pastura y todo lo que los señores han necesitado’.
“‘Pero ya no le vamos a pedir nada, porque a usted le va a pasar lo mismo que a los caballos…’

“Y acto continuo, desenfundando su pistola y apuntando rápidamente hacia don Rodrigo, tiró del llamador sin darle tiempo a que esquivara el tiro”.

Continuará...

Extracto de Choferes de la Revolución.
Autor: Luis Jiménez Delgado.
Biblioteca de la Crónica del Estado.




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