Monday 23 de January de 2017

Al periodista debe importarle el tamaño

Édgar Félix      25 Nov 2013 21:30:05

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Dicen -los que dicen que saben- que el periodismo tiende a constreñir su espacio, a hacerse más reducido en tallas ágata en abdomen ¿y cerebro?, a ofrecer textos brevísimos a sus lectores; es decir, menos palabras, a sacar la navaja para cortar reportajes e información con el argumento banal de que ahora las personas leen menos y se acostumbran a medio ver sólo cabezales, si acaso el primero párrafo y sería un éxito si pasan al segundo párrafo. Si es así, qué clase de sociedad se ha creado. Se quejan porque no leen y se argumenta ahora que hay que leer menos.

Durante varios años he escuchado sesudos argumentos al respecto, estudios científicos que sustentan con rigor el por qué los seres humanos nos cansamos a las pocas palabras leídas, del por qué tantos caracteres en un párrafo tienen mayor impacto que un titipuchal, del por qué hay cierto tipo de lectores se aterrorizan cuando abren una revista y sólo miran letras, sin siquiera una foto o viñeta. Y durante esos años siempre he preguntado si leen menos, si les atrae más textos cortos o largos. La respuesta es recurrente: cuando una historia está bien escrita no importa el tamaño.

En los 80 alguna vez entrevistaron al fallecido genial escritor chileno Roberto Bolaño sobre el exceso de extensión de sus novelas con ese argumento: de que ahora los lectores van por textos cortos y novelas breves, que dizque porque “ahora se tiene menos tiempo”. Que cómo se le ocurría escribir un libro de más de 800 páginas. La respuesta fue algo así como el respeto a esos lectores breves porque él escribe para lectores de largo aliento, profundos, ensimismados, inteligentes. Tampoco hay que confundir lo grandote con lo mal hecho. Hay novelas que caben en un párrafo y hay otras que mil páginas no les bastan. Escribir es labrar, esculpir. El periodista polaco Ryszard Kapu ci ski decía que para escribir una hoja hay que leer 100.

El texto, en sí, llámese reportaje, nota informativa, artículo, crónica, tiene un peso específico desde que lo comenzamos a leer. Me he sentado a leer una extensa crónica y no me he parado hasta terminarla, mientras hay notas informativas que no puedo llegar ni a la primera línea. Es decir, los periodistas no debemos apostar al tamaño reducido, a la brevedad, sino a hacer mejores textos, escribir mejor y ofrecer calidad.

Cuando laboraba en El Universal, alguna vez me dijo el director editorial, el periodista Jorge Villa Alcalá que una de mis notas iría a primera plana, pero que por favor le diera unos cuatro párrafos más. Mi respuesta fue: “no, disculpe, pero es nota mide eso”. Él me miró, tomó la cuartilla de mi nota, la arrugó y la echó al cesto de la basura: “a la chingada, pues”. Me dijo. Y desde entonces sigo disfrutando, en las mañanas, leer grandes reportajes, crónicas largas, revistas de puras letras, mientras el mundo pasa, dicen, de prisa.
 




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