Thursday 08 de December de 2016

Ale y Roy, un amor para siempre

Redacción      13 Feb 2014 20:30:06

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  • Ale, con el amor de su vida, Roy (Cortesía) Ale, con el amor de su vida, Roy (Cortesía)
  • Viven en Atlanta unidos como una gran familia. (Cortesía) Viven en Atlanta unidos como una gran familia. (Cortesía)
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“Nuestro amor no fue a primera vista, de hecho, cuando nos conocimos ni siquiera pensábamos en esas cosas, éramos unos niños de apenas 10 años...

Ninguno de los dos se imaginó que algún día seríamos el uno para el otro.

Roy era un niño tímido y serio, yo una diablilla a la que le encantaba jugar y hacer bromas cuando acompañaba a mi tía a ver a su novio, el hermano de él.

Todo comenzó así, como un juego; cuando éramos adolescentes él se fijó en mí. Recuerdo que yo estaba en secundaria y me decían que le gustaba, pero yo no pensaba en los noviazgos todavía, aunque me daba emoción imaginar que me lo podía topar en la calle.

Nuestra historia comenzó a escribirse cuando Roy entró a trabajar a la panadería de mis abuelos, en Calera. Ahí empezó a coquetearme, aunque la verdad a mí no me llamaba la atención.

Recuerdo que yo estaba por cumplir 15 años y uno de mis tíos le dijo que fuera mi padrino de anillo y enseguida aceptó.

El día de mi cumpleaños sentí mucha emoción al verlo y durante la fiesta mis hermanas y tías no dejaban de preguntar si ya me había pedido que fuera su novia, pero fue hasta que bailamos el vals fue que me lo pidió.

Cuando se fue de mi casa me dijo que el 22 de diciembre -1998- iría a pedirle permiso a mis papás y así comenzó nuestro noviazgo, el mejor, el más especial, tierno e inocente que pudimos haber tenido.

La felicidad solo me duró un año porque luego decidió vivir su sueño americano y se fue para Estados Unidos. Durante el siguiente año seguimos en contacto por teléfono, pero luego, sin darme razón alguna dejó de llamar.

Así pasó el tiempo, él hizo su vida y se casó. Yo hice lo mismo...

Jamás dejé de pensar en él y siempre tuve la esperanza de por lo menos volver a verlo, aunque sabía que ya no sería posible que estuviéramos juntos, y él pensaba lo mismo.

Pasaron más de nueve años sin saber el uno del otro.

Fue en el 2011 que, después de haber fracasado en nuestros matrimonios, nos volvimos a encontrar gracias a la magia de la tecnología y las redes sociales.

Nuestro repentino reencuentro fue por medio de Facebook. Yo estaba a punto de divorciarme, él ya tenía dos años separado, y comenzamos a platicar sobre nuestra vida.

Para sorpresa de los dos, nos dimos cuenta de que jamás nos habíamos olvidado ni dejado de amar, pues esa sensación en el estómago cuando recibía una llamada o un mensaje de él, surgía nuevamente.

Ese mismo año él viajó a Calera debido a que su papá falleció y durante el tiempo que estuvo ahí decidimos que haríamos todo lo posible para que yo, junto con mi hija, nos fuéramos a vivir con él.

Todo fue tan rápido que no pedí la opinión de nadie ni el consentimiento de mis papás, solo les dije que me iría a Estados Unidos a vivir con el amor de mi vida y afortunadamente recibí todo su apoyo.

Para junio de 2012 fui a tramitar mi visa a Monterrey; para julio ya estábamos mi hija y yo en Atlanta, Georgia, con él y con sus tres hijos, con quienes hemos formado una familia.

La mayor bendición a este amor llegó el año pasado, pues Dios nos envió a un hermoso pequeño que no hizo más que confirmar el inmenso amor que Roy y yo nos tenemos.

Sacrifiqué prácticamente todo por estar con él, pero no me arrepiento porque cada día ha valido la pena, cada día soy feliz y cada día lo amo más. El amor verdadero existe, yo creo en él porque lo vivo día a día”.

Ale Torres




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