Tuesday 06 de December de 2016

Algo de Navidad: posada en Jerez

Javier Torres Valdez      18 Dec 2013 22:10:05

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Los Nacimientos, una tradición.   (Archivo)
Los Nacimientos, una tradición. (Archivo)
A través de las ideas asociadas, hemos podido escribir durante muchas semanas esta columna, que refleja vivencias de más de seis décadas, salpicadas en forma esporádica, de alguna anécdota que nos haga brotar una sonrisa, por las circunstancias en que ocurrió.

En esta ocasión, queremos recordar a toda aquella feliz palomilla estudiantil, integrada por Roberto Márquez, Manuel Trejo, César Jiménez, Rubén, Leni, Salomón González, José Corona Redondo y Rubén Rodarte, quienes acompañados de sus parientes, escenificaron en la Nevería El Paraíso, ubicada en el Portal Inguanzo, las mejores y tradicionales posaditas de que tengamos memoria, tal vez por ser algunas de las pocas a las que asistimos.

Entre otros asistentes podemos mencionar a Carlos López Valenzuela y su hermana Ruth, quienes se tornaron en el alma de la fiesta, debido a que Carlos con su acordeón, sabía ponerle un sabor navideño a la reunión.

Cierta ocasión, Licha Rincón convenció a todos los asistentes de que la posada debía pedirse desde la calle y no adentro del mismo edificio, entonces fué que nos salimos todos al portal, pero de nueva cuenta prevaleció la idea de que debíamos peregrinar en torno al jardín pidiendo posada.

Caminando con los peregrinos, todos los acompañantes, con vela en mano, empezamos la letanía y al pasar frente a la Inspección de Policía, que en aquel entonces se encontraba en el edificio de la presidencia, nos salieron cuatro preventivos.

— Ya paren su escándalo- dijo uno de ellos.
— Oiga, estamos pidiendo posada....
— Posada les vamos a dar, pero en la cárcel, si siguen gritando, tenemos órdenes del presidente (Jesús Vela), de impedir cualquier escándalo y ustedes hasta música traen.
—Es solo un acordeón para acompañar la letanía.

Uno de los acompañantes levantó la voz, para reclamar: -Ustedes están infringiendo la ley y abusando de su autoridad.

— Cállese cabrón; nosotros no "semos licenciados, semos polecías " y solo cumplimos órdenes y no aleguen porque los metemos a todos, al cabo que el patio está muy grande.

A querer o no, todos nos regresamos al portal y pedimos la posada desde el interior.

Ese día José y María y sus acompañantes se salvaron de conocer la cárcel de Jerez y nosotros nos quedamos con la idea de que los 'polecías', probablemente fueron enviados por Herodes, quien a lo mejor "ya sentía pasos en la azotea".

Lo bueno fué que aquellos guardianes del órden no cumplieron las indicaciones recibidas al pie de la letra, por que entonces tal vez hasta los hubiera enfrentado el cura Carlos Uriel Arguelles, quien era un tremendo defensor de las costumbres originadas en la fe cristiana.

Eran los tiempos en que la cárcel del municipio servía para cobrar venganzas y desquitar agravios.

En cierta ocasión los policías no pudieron ingresar a la cárcel a un jerezano, que se defendió con un amparo de la justicia federal, fue entonces que cuando el presidente preguntó: ¿Ya encerraron a Salvador?

— No pudimos, señor presidente, pos' trai amparo. -"Pos métanlo con toy vieja pendejos"....
Hermoso Jerez aquel en donde se vivía en una ignorancia, mezclada con grandes dosis de ingenuidad.
 




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