Friday 09 de December de 2016

Algo se mueve en el Congreso

J. Luis Medina Lizalde      1 Oct 2014 20:41:06

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Hay signos embrionarios de un Poder Legislativo que justifique su existencia. El cuestionamiento generalizado a su inoperancia parece inspirar a un significativo número de diputados opositores a vincularse con una parte de la sociedad activa e informada que en sus ejercicios analíticos no es complaciente con la clase política.

Ayer pudimos asistir al foro convocado para evaluar los cuatro años de gobierno de Miguel Alonso.

Tuvieron la voz cantante prestigiados investigadores de la Unidad Académica de Economía y del doctorado en Estudios del Desarrollo, quienes expusieron opiniones críticas sustentadas en el dominio de herramientas teóricas y en el puntual registro de datos oficiales en que basan sus juicios.

Justo es reconocer que en casi todas las legislaturas han participado individuos que han hecho lo que han podido por cumplir como se debe la misión de representar a los ciudadanos, pero que se han topado con la mayoría que, traicionando la institucionalidad perfilada en nuestro orden constitucional, opera como representante del gobernador en turno.

De esa manera favorecen el autoritarismo y la opacidad en el ejercicio gubernamental, mal retrato de un poder donde las voces reconocibles como honestas y dignas son aisladas y neutralizadas por la palabrería de los abyectos. Esa es la historia de nuestro Congreso local.

Como Legislatura, la actual desperdició la oportunidad histórica que les brindó el audio que se difundió profusamente cuando sus antecesores discutían muy quitados de la pena el soborno de 100 mil pesos por el voto a favor de la propuesta del Ejecutivo. Con su omisión, dejaron las puertas abiertas a la repetición de conductas tan deplorables.

Los auténticos opositores al orden de cosas viven pendientes de que no se les encajone en el rol legitimador de lo que combaten.

En la historia legislativa, una vez que queda atrás la etapa del monopartidismo, el régimen supo asignarle el rol legitimador a la encendida oratoria de diputados opositores.

Estos no van más allá del testimonio en tribuna o de la iniciativa de ley destinada al archivo muerto o del punto de acuerdo útil nada más para la foto del recuerdo.

Por tal razón, la voluntad de vinculación con sectores sociales al margen del control oficial que reflejó en el foro el grupo plural opositor es lluvia que refresca en el desierto.

La soledad de Soledad
Mención aparte reclama la actuación singular de la diputada Soledad Luévano, que con su formación de contadora y experiencia administrativa cuestiona aspectos concretos del gasto público.

La diputada local puso los ojos en los festejos conmemorativos por el Centenario de la Toma de Zacatecas, que aunque teóricamente no concluyen hasta que finalice el año, ella ya adelantó cuestionamientos que seguramente serán más nutridos una vez que se conozcan los datos finales de la conmemoración.


La diputada da otra plausible muestra de combatividad al hacer público un sistema de remuneraciones no transparentadas a la élite gobernante por un monto de 634 millones de pesos en lo que va del sexenio.

También hace notar que el 45% de dicho monto se queda en la Secretaría de Finanzas (Sefin) en atención a que “el que parte y reparte se queda con la mayor parte”.

El techo de cristal
El fuero de los diputados no es para que puedan estacionar sus coches en lugar prohibido sin que se los lleve la grúa, es para que incomoden al mandón en turno y allegados sin miedo a las represalias que puede sufrir el ciudadano de a pie.

Soledad Luévano está haciendo su trabajo, son los eternos “queda bien” los que no saben cuál es su función ni para qué se les otorga fuero.

Llama la atención que tenga que valerse de una herramienta destinada a los ciudadanos de a pie, como es la normatividad de acceso a la información pública, y de las “filtraciones”, siendo que por su investidura ella debe poder acceder a la información que los simples mortales no tienen a su alcance.

Otro dato de singular relevancia es que, a simple vista, la diputada Soledad Luévano exhibe a un equipo de gobierno con doble discurso que, por un lado, se ostenta como mesurado y austero en cuanto a remuneración se refiere.

Por otro lado, este equipo se despacha con la cuchara grande mediante el gelatinoso concepto de bonos por productividad, lo que debe caer como gancho al hígado a los empleados públicos castigados con la eliminación del subsidio al Sistema de Ahorro para el Retiro (SAR).

Lo malo es que es más o menos lo mismo que las famosas “herramientas legislativas” que se negaron a suprimir. Si hubieran aprovechado el escándalo de sus antecesores para limpiar la casa…

Nos encontramos el lunes en El recreo.


twitter: @ luismedinalizal




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