Tuesday 17 de January de 2017

Amigo de Dios

Juan Carlos Ramos León      20 Apr 2014 20:00:06

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Amigo de Dios, murió el pasado martes, en Zaragoza, España, el sacerdote católico que vestía los hábitos de la Legión de Cristo, Padre José Ignacio Aguinaga Ayerdi. De entre todas las bendiciones que he recibido en mi vida, una de las que más agradezco es haber tenido la oportunidad de conocerlo y trabajar con él.

Quisiera que esta nota fuera un homenaje póstumo a su persona aunque estoy cierto en que por mucho que me esfuerce quedaré corto a todo lo que su recuerdo merece.

Antes de seguir el llamado del Señor por el camino del sacerdocio jugaba Rugby; fue un compañero de afición a este deporte quien quiso probar suerte en la vida religiosa y José Ignacio, más por curiosidad o complicidad que por otra cosa, decidió seguir sus pasos. Los caminos de Dios son misteriosos.

Después de varios años de formación religiosa y prácticas apostólicas, recibió la ordenación sacerdotal de manos del inminente santo, Juan Pablo Segundo, en Roma, el 3 de enero de 1991.

De toda su laudable labor al servicio del prójimo tal vez la que más valga reconocerle fue su actividad con jóvenes, especialmente en la ciudad de Monterrey, en donde dirigía un centro de formación católica en el que sirvió de fuente de inspiración a muchos hoy exitosos empresarios y ejecutivos regiomontanos que gracias a él conocen y aman a Dios y que son fermento en sus círculos sociales.

Los defectos que yo le conocí fueron, quizás, sus mejores y más eficaces herramientas de trabajo: su testarudez de hijo de España que le hacía perseguir siempre un proyecto más en pro de la búsqueda, formación y proyección apostólica de los jóvenes que tanto amaba; todo aún a costa de su salud: si se le recomendaba reposo, había que amarrarle a su escritorio y a sus libros porque era imposible hacerlo a su cama; esto hacía estallar su ya de por sí muy fuerte carácter.

Pocas veces le vi haciendo deporte; prefería ir a visitar a alguna familia o acudir a su centro de retiros para ingeniar qué más le construía; ir al Home Depot era uno de sus gustos privados más apreciados. Si no había algo qué arreglar o qué construir se lo inventaba.

Así me imagino yo que disfrutaba contemplar cómo se iba construyendo una obra de arte en cada persona que se dejaba tocar por su asesoría espiritual.

José Ignacio no fue famoso. No acaparó la atención de los medios. Tal vez porque era un sacerdote fiel, generoso, entregado a su ministerio sacerdotal cuya vertiente, más que la de escribir o dar conferencias era la de seguir delicada y fraternalmente la vida de cada uno de los que nos le cruzamos en el camino, hasta el día en que nos dejó para ir a vestir el cielo de manteles largos.

Descanse en paz el Padre José Ignacio Aguinaga Ayerdi. 




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