Sunday 11 de December de 2016

Ante Jesús, la fe y la oración de la mujer cananea

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      16 Aug 2014 23:00:05

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La fe tan grande en Jesús hizo que su hija sanara. (Cortesía)
La fe tan grande en Jesús hizo que su hija sanara. (Cortesía)
Introducción 
Hermanos: en los domingos anteriores hemos contemplado y también hemos intentado asimilar espiritualmente, con la ayuda de la gracia divina, las enseñanzas de los pasajes bíblicos de la liturgia eucarística, acerca de la multiplicación de panes y peces para alimentar a una multitud de manera milagrosa y a Jesús, en medio de la tormenta en la cual se debatían sus discípulos en una barca frágil sobre las encrespadas aguas del mar de Galilea (Tiberíades o Genesaret), imperando milagrosamente que la tormenta se aquietase y de esta manera salvar y confirmar la fe de sus discípulos, quienes estaban en la duda y la desconfianza ante el peligro de perecer en medio del mar agitado y peligroso.

Después de estos hechos milagrosos en tierra propia de Israel, Jesús se encamina, acompañado por sus discípulos, hacia tierra de paganos, los cananeos de la región de Tiro y Sidón en la costa del mar mediterráneo.

Fue allí, donde aparece la escena narrada por San Mateo, acerca de la mujer cananea, quien, ante Jesús y sus acompañantes, manifestó su fe y oración de ferviente súplica, a favor de su hija que estaba gravemente enferma poseída por un espíritu maligno, implorando su curación.

Ante Jesús: la fe y la oración de la mujer cananea
Este hecho, consignado narrativamente por San Mateo en el pasaje bíblico que en esta Misa dominical escuchamos, se desarrolla en el contexto de posturas culturales que se entendían un tanto opuestas, a saber.

El Reino de Dios se predicaba por Jesús, primeramente a los judíos integrantes del pueblo elegido por Dios para darles la salvación que su Hijo Jesucristo.

El Hijo de Dios encarnado, trasmitía para hacerlos testigos y misioneros de la salvación divina y una vez identificados con ésta, llevar a efecto la misión de trasmitirla a los demás pueblos de la tierra con un visión intencional, de parte de Dios para todos los pueblos.

Aquí aparece el universalismo de la revelación y salvación que, según el plan divino e histórico de la salvación, se ofrece a todos los hombres de buena voluntad, sin importar su raza, cultura, lengua y valores característicos propios.

Para Dios no existe la acepción de personas, Dios, por Cristo y con la efusión de su Espíritu Santo, no quiere la muerte de los pecadores, sino que convertidos a la realidad de su Reino, se salven desde la tierra y desde ella hacia la eternidad.

De esta manera, podremos entender el pasaje bíblico que nos ocupa este día de la mujer pagana y cananea que pide a favor de su hija enferma, el milagro de su curación.

La mujer cananea al ver a Jesús, se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”.

Ante esta súplica, Jesús no le contestó una sola palabra. Los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”.

El les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”. Estas ovejas son los hijos del pueblo elegido por Dios, en contraposición están “los perros” que son los paganos a quienes la palabra de Dios sería dirigida a través del testimonio y acción misioneras del pueblo de Israel.


Sin embargo, la mujer cananea se acercó a Jesús y, postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!”.
A partir de ese momento se entabla un diálogo un tanto difícil entre Jesús y la mujer.

Jesús le dice:”No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

Ante este planteamiento de la mujer, Jesús, diríamos “desarmado”, le respondió: “Mujer, ¡Qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.

Consecuencias prácticas para todos nosotros a partir del evangelio que hasta ahora hemos contemplado y explicado 
En la mujer cananea se ha visto siempre un modelo admirable de fe y oración unidas.
Esta fe y ésta oración se centran en la persona de Jesús a quien reconoce como Mesías, siendo aún una pagana; fe que encierra dinamismo y orientada a la liberación del prójimo. En su caso, la hija gravemente enferma.

Por otra parte, esta fe y oración reúnen las condiciones que Cristo quiere de parte de sus creyentes: confianza total sin límites; perseverancia sin desmayar ante las dificultades tan grandes.

La mujer cananea nos enseña, la apertura de su alma y de su corazón con profunda pobreza de espíritu, hacia Jesús, salvador para todos los que quieran acercarse como ella, para pedir el perdón, cumplir con la voluntad de Dios, dando primacía absoluta a los valores del Reino.

Podemos concluir que fe y oración deben caminar muy unidas en nuestra vida de cristianos.
La fe suplicante es la actitud básica de todo creyente, auténtico y verdadero, pues se constituye en sí misma como respuesta válida e insustituible, a la oferta de amor y salvación que Dios por Cristo nos hace siempre sin distinción de personas.

Nuestra súplica de hoy y para siempre, será: ¡Señor Jesús, aumenta nuestra fe y haz que brille como oración de amor rendido y leal, en los tiempos favorables y en los tiempos de prueba y sufrimiento!

Porque en ti está la fuente de la vida, la paz y la alegría y de esta manera nos abres el camino que conduce hacia la eternidad feliz de tu Reino en el cielo...




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