Friday 20 de January de 2017

Apoyan para los gastos del hogar

Redacción      19 Nov 2013 22:30:04

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En Tlaltenango, el caso de Manuelito o Meño, como lo llaman sus familiares y amigos, es uno más de los miles de niños zacatecanos que dejan los estudios para trabajar por su familia.

A sus apenas 11 años de edad, Meño solo estudió hasta primero de primaria. Nunca cursó el jardín de niños y apenas puede leer algunas palabras.

El pequeño explicó que debido a que pertenece a una familia de escasos recursos, ayuda a su padre y a algunos tíos en la agricultura y el cuidado de ganado ajeno. En ocasiones también ayuda en la fabricación de ladrillo.

Meño expresó que no extraña a la escuela, sin embargo, le gustaría convivir más con pequeños de su edad y salir a jugar con sus amigos.

Aunque no precisó dónde residía, indicó que su casa se encontraba cerca de la comunidad Carrizalillo, en la sierra de Morones.

Aseguró que en su familia viven muy limitados pero “contentos”. Meño es el más grande de tres hijos, dos varones y una niña de 4 y 2 años, respectivamente.

Añoran los juegos
En Sombrerete también hay menores que por la difícil situación económica tienen que trabajar.

“Desde los 7 años empecé realizando actividades sencillas, como vender periódico los fines de semana, realizar mandados a los vecinos, todo lo que nuestra edad nos permita para satisfacer las precarias necesidades”, dijo Marcos Aguiller.

El adolescente de 14 años explicó que se tienen que cumplir con estas funciones “aunque eso significara no tener una niñez normal como cualquier niño”.

Refirió que se ha privado de jugar con chicos de su edad, pues “tuvimos que trabajar en lo que fuera para poder comer”.

Esta situación, sin embargo, “nos aventó a madurar antes de tiempo”, dijo Marcos al momento de un descanso durante su jornada laboral en un taller mecánico.

Asimismo, Roberto Pérez, un chico de 10 años, manifestó que le agrada trabajar y poder ayudar a su madre en los gastos, ya que tiene otros hermanos pequeños.

Su menudo tamaño solo le permiten realizar tareas que no signifiquen tanto esfuerzo, aunque su madurez y alto grado de responsabilidad asombran a la gente que, incluso sin pedirlo, le apoyan con una moneda.

“Para mí no es un trabajo, yo no lo siento así; me divierto, corro con las bolsas que ayudo a las señoras a cargar y más bonito cuando me pagan, aunque me compro una nieve y lo demás se lo doy a mi mama”, expresó el menor.

Con información de César González y Jesús Hernández.
 




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