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Arrogancia fuera de lugar

J. Luis Medina Lizalde      19 Jan 2014 20:10:05

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Correspondió al secretario General de Gobierno dar por descartada la posibilidad de que en Zacatecas vivimos “un michoacanazo”.

Tal respuesta es idéntica a la que en cada entidad federativa publican los medios en estos días como prueba irrefutable de la cultura de la negación arraigada en la clase gobernante, puesto que dichas aseveraciones nunca son acompañadas del sustento analítico específico.

Una postura más ubicada en la realidad nos coloca viviendo en distinta fase del mismo proceso de descomposición social generalizada que en estos momentos hace crisis en la tierra tarasca.

Los grupos de autodefensa que en esos momentos son noticia mundial no brotaron de la noche a la mañana, son fruto de un largo proceso cuyos ingredientes son advertibles en una gran proporción del territorio nacional, donde se incluye el estado de Zacatecas, solo que, como que en algunas regiones, dicho proceso va en etapas iniciales, mientras que en otros el deterioro es mucho más avanzado.

Si tenemos “la fortuna” de todavía no figurar en los estados más descompuestos, en vez de vanagloriarnos por eso debemos aprender en cabeza ajena para no llegar al grado de horror que percibimos lejano a nuestra realidad, pero lo que se advierte es la misma táctica del avestruz que hoy mantiene a México en grave encrucijada.

El primer episodio de violencia armada de civiles en contra del crimen organizado se produjo en Villa Cárdenas, en el municipio de Francisco R. Murguía (llamado Nieves), cuando un grupo delictivo fue recibido a balazos por los pobladores con saldo de muertos y heridos.

Es de notar que la respuesta oficial no tuvo el menor atisbo de autocrítica donde se reconociera honestamente que el episodio fue consecuencia del vacío dejado por la autoridad.

Por el contrario, destacó el tono celebratorio con que el discurso oficial encomió la sin duda valiente actitud del joven que dio muerte a un también joven delincuente que, por cierto, resultó policía municipal de Trancoso.

Otro elemento que invita a la prudencia a la hora de descartar la “michoacanización” de Zacatecas lo ofrece el sector ganadero que clama por permiso para adquirir armas para enfrentarse a la delincuencia que los azota. Eso, aquí y en China, es una opción de autodefensa de los civiles como consecuencia de la ausencia del estado.

Bastarían esos dos elementos para no incurrir en la arrogancia de sentirnos lejos del infierno aparentemente distante, pero hay más similitudes a ponderar.

Más semejanzas que diferencias
Al igual que en Michoacán, en Zacatecas el combate a la inseguridad carece de integralidad y no ataca las causas, prevaleciendo el enfoque policiaco militar cuya insuficiencia está ampliamente demostrada.

Como en Michoacán, en Zacatecas la tarea corre a cargo de fuerzas federales, reservando un papel secundario a las policías municipales y estatales que siguen mal equipadas, mal entrenadas y bien infiltradas.

Como en Michoacán, en Zacatecas los delincuentes tienen el paso libre en los caminos secundarios y dejan en paz las carreteras asfaltadas donde se han instalado las Unidades Regionales de Seguridad (Unirse), que han renunciado al elemento sorpresa de los antiguos retenes y que hasta ahora son fácilmente burlables por los cárteles sin necesidad de pagar informantes, como con los anteriores retenes.

Como en Michoacán, en Zacatecas se han registrado abusos de policías federales, elementos del Ejército y la Marina, que al no ser motivo de aplicación puntual de la ley han sembrado silencioso resentimiento en sectores antes partidarios de su presencia.

En Zacatecas, al igual que en Michoacán, desde hace años los cárteles reparten enseres domésticos, alimentos y dinero en sectores empobrecidos facilitando con ello su mimetización.

En Zacatecas hay personas que se han visto forzadas a emigrar para ponerse a salvo, ya que pueden verse motivadas a financiar grupos de autodefensa civil, como en Michoacán.

Tal como nos lo refiere la autoridad, en Zacatecas se producen sangrientos enfrentamientos entre cárteles diversos y grupos escindidos que son los responsables de las frecuentes matanzas, fosas clandestinas, cuerpos desmembrados y demás.

En Zacatecas, al igual que en Michoacán, la inseguridad no ha sido abordada por la clase política como tema de estado; el tema se partidizó al usarse como arma de unos contra otros mientras nadan “de muertito”.

En Zacatecas, como en Michoacán, autoridades y delincuentes coinciden en que mientras menos sepa la gente, mejor para ambos. Como en Michoacán, en Zacatecas piensan que lo que está mal es la percepción y no la realidad.

Este diario dio cuenta ayer, en su versión digital, de la irrupción de un grupo criminal en el Bar La Kava, que rociaron con gasolina a ocho clientes, a los que prendieron fuego. Sucedió en Fresnillo, no en Apatzingán. Más humildad, por favor.

Nos encontramos el jueves en El recreo.
 




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