Sunday 11 de December de 2016

La reforma política, una opinión joven

José Luis Guardado Tiscareño      4 Dec 2013 20:30:07

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Durante el último año la vida política de nuestro país se ha caracterizado por un debate permanente en torno a las diferentes reformas que ha impulsado el gobierno federal, reformas que se construyen cupularmente, en función de la negociación partidista y no del consenso social.

Recién aprobada la reforma política y todavía en el debate los cambios y modificaciones que se habrán de implementar durante los próximos 4 años, la sociedad mexicana ha quedado excluida de su discusión y de la posible aportación de propuestas y opiniones que se han construido desde hace mucho tiempo en espacios, tanto civiles como académicos.

La reforma política se construye lejos de la confianza ciudadana, lo que difícilmente generará credibilidad en nuestro sistema político-electoral; por ejemplo: la reelección de nuestros legisladores y ayuntamientos no se concibe como el mecanismo para evaluar y poder ratificar o castigar las gestiones o desempeños legislativos y gubernamentales; lamentablemente la reelección dentro de un sistema corrupto y centralizado, como el actual, sólo legalizará la perpetuidad de los mismos personajes y grupos que en los hechos ya controlan las decisiones de nuestro país.

La creación del Instituto Nacional Electoral, lo han dicho ya muchos expertos, sólo atenta contra el federalismo, además de provocar la centralización y concentración de las decisiones y funciones; aunque por otro lado, se vuelve difícil defender el sistema actual que después de más de dos décadas, no se ha logrado la consolidación y confianza de nuestros procesos electorales, tanto estatales como federales; los cuales se han desarrollado de modo cada vez más costoso, burocrático, partidista, cuestionado y débil en cuanto a la participación ciudadana; problemas que la reforma no parece resolver.

Otro hecho que demuestra que dicha reforma está lejos de cambiar estructuralmente a nuestro sistema, es la ausencia de acciones como la implementación de plebiscitos, referéndum, ratificación de mandato y la segunda vuelta electoral; ejercicios que ayudarían a la legitimación de nuestros gobernantes; basta recordar que nuestro actual Presidente fue electo por tan solo 38% de los votantes, mientras que en otras democracias la posibilidad de ser presidente se logra únicamente hasta alcanzar la preferencia de más del 50% de los electores.

Por otra parte la acelerada implementación de las reformas educativas, fiscales y política evita la discusión a fondo, la asimilación de los cambios que se han de implementar y de los cuales la mayoría de la población desconocen su alcance y consecuencias reales; mientras analizamos la reforma política, en los próximos días ya tendremos la discusión de la reforma energética, la que ha llevado a blindar las sedes del Poder Legislativo, lo cual dice mucho de la forma en que se hacen los “cambios estructurales” en nuestro país.

Seguramente hasta que no se implementen, en los hechos, las reformas que ya se han plasmado en la legislación durante el último año; conoceremos las consecuencias positivas y negativas en las que el pueblo mexicano nunca participo, pero de las cuales seremos los principales afectados y seguramente mantendrán el beneficio a los mismos de siempre; para entonces ya será muy tarde.




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