Wednesday 07 de December de 2016

Ayotzinapa

Ricardo Gómez Moreno      7 Oct 2014 21:42:17

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Este 2 de octubre nos trajo el aniversario 46 del genocidio de Tlatelolco y cuando millones de corazones se unían en la esperanza de que nunca más volviera una matanza como la de 1968, la semana pasada llegó la noticia del probable asesinato de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, quienes hasta el mediodía del martes, cuando se escribe esta columna, están desaparecidos.

El 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, fueron asesinadas siete personas, tres normalistas y otros cuatro civiles. Fueron acribillados por policías municipales cuando efectuaban una colecta pública para viajar a la Ciudad de México, donde participarían en la marcha conmemorativa de la matanza de Tlatelolco.

Desde la noche del 26 se denunció la desaparición de los 43 muchachos; todos fueron subidos a patrullas de la Policía Municipal de Iguala, Guerrero. Días después fueron encontradas fosas clandestinas con 29 cuerpos incinerados y algunos desmembrados.

El México de la narcoviolencia, ya con centenares de miles de víctimas fatales, está más fuerte que nunca, por más que el discurso oficial sostenga lo contrario.

Mal la estará pasando el presidente Enrique Peña Nieto cuando el gobierno de Estados Unidos, con el que afanosamente quiere congraciarse, le envía su severa advertencia: “Es un crimen que demanda una investigación completa y transparente para que los responsables sean llevados ante la justicia”.

Así de contundente fue el lenguaje de Washington, que únicamente se le había escuchado al dirigirse a gobiernos dictatoriales.

No menos ingrato habrá sido al Presidente que José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), se dijera consternado ante un crimen “tan inhumano como absurdo”, que “enluta no solo a los mexicanos, sino a todos los países de las Américas”.

Nunca como hoy, después del 2 de octubre del 68, del Jueves de Corpus de 1971, la matanza de Acteal, el asesinato de 16 jóvenes en Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, los genocidios de San Fernando, Tamaulipas en 2010 y 2011, Aguas Blancas, también en Guerrero, nuestro país había sido expuesto ante el mundo en toda su patética realidad.

Sí, esta es una faceta del verdadero México, esclavo del neoliberalismo que sí, les tocó vivir a los jóvenes normalistas de Ayotzinapa; a los 21 que fueron “ejecutados” por miembros del Ejército en Atlatlaya, estado de México en junio pasado y a los muchos millones de compatriotas honestos, trabajadores, amorosos, que día a día se empeñan por sobrevivir en una nación que le quieren arrebatar unos pocos todopoderosos oligarcas y sus cómplices pasivos, los muchos ciudadanos pusilánimes, conformistas, callados e ignorantes.

Contra esa oligarquía y los pusilánimes luchan, mediante educación y superación personal, los alumnos de las normales rurales. Ellos, como los politécnicos, y todos los que estudian, trabajan honradamente y protestan, son presente y futuro.

Periodista




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