Monday 27 de February de 2017

El cinismo de los retoños

Elizabeth Sánchez Garay      3 Oct 2013 21:00:04

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H​asta hace relativamente poco tiempo los medios de comunicación imponían la agenda pública. Por ello, si las televisoras nacionales mantenían vínculos económicos con miembros de partidos políticos o determinados funcionarios públicos, jamás nos informaban de las corruptelas o los desfiguros de éstos, lo cuales conocíamos sólo a través de los pocos medios independientes.

La situación ha cambiado de manera radical con las redes sociales. La clase política está imposibilitada de detener la avalancha de información que nos llega a los ciudadanos a través de Facebook, YouTube o Twitter. Ahora no sólo se difunden muchas de sus triquiñuelas, sino también los abusos de sus vástagos.
El último caso conocido es el que ha protagonizado Lady Dubai, hija del exgobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso Femat. De nombre Gabriela y de apodo Regalito, la joven presume en las redes los beneficios de ser hija de un político en México; es decir, de vivir como reina con cargo al erario o con lo que su papi pudo obtener cuando fue funcionario.

Con total descaro, Regalito muestra fotos de su estancia en Dubai, donde la familia tiene un departamento, así como sus bolsos de marca, sus visitas a una zona de lujo en Beverly Hills, el viaje familiar al mundial de Sudáfrica, sus fiestas en yates, etcétera.

Seguramente quien tiene necesidad de ostentar una vida de lujos es porque no tiene nada más de qué presumir. Allá ella y su inane existencia. El problema real es el cinismo acendrado que caracteriza a la plebe de la clase política, acostumbrada a vivir a expensas de los bienes de una nación con altos índices de pobreza como la nuestra.

Estos hijitos de políticos están tan habituados a existir como parásitos millonarios que no les basta con gastar el dinero –acaso mal habido- que tienen a raudales, sino que requieren presumirlo. Así, Regalito se suma a las historias ya conocidas de otros retoños de funcionarios públicos.

Ahí está el caso de Lady Profeco, famosa por inducir la clausura, por personal de la institución dirigida por su padre, de un restaurante que no atendió su exigencia de servirle en una mesa que no estaba reservada. O el de Lady Roma, que amenazó a quienes la detuvieron cuando, en estado de ebriedad, atropelló a una mujer que murió cuatro días después. Durante la detención no dejó de gritar que era familiar de Alfa 3, es decir, un alto cargo de la policía del DF.

La lista es larga y el despilfarro también. La procacidad no tiene límites. Una parte sustantiva de los retoños de políticos no conoce lo que significa vergüenza, recato o pudor.

*Miembro del Sistema Nacional de Investigadores




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