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Batallón Guerrero: la fuerza federal de mayor mérito combativo ​en tierra zacatecana

Limonar Soto Salazar      17 May 2014 20:06:27

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  • Oficiales en Zacatecas. Los federales se vieron obligados a cambiar su plan de irse a Coahuila/Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía) Oficiales en Zacatecas. Los federales se vieron obligados a cambiar su plan de irse a Coahuila/Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía)
  • Las tropas salieron hacia el estado en junio de 1913 para recuperar la capital, tomada por Pánfilo Natera./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía) Las tropas salieron hacia el estado en junio de 1913 para recuperar la capital, tomada por Pánfilo Natera./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía)
  • El batallón era liderado por Lucio Gallardo, quien perdió la vida poco antes del asalto final del 23 de junio./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía) El batallón era liderado por Lucio Gallardo, quien perdió la vida poco antes del asalto final del 23 de junio./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía)
  • Soldado federal despidiéndose./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía) Soldado federal despidiéndose./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía)
  • Había hogares donde no había agua y se tenía que acarrear como fuera./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía) Había hogares donde no había agua y se tenía que acarrear como fuera./Foto del acervo de la Fototeca Nacional del INAH (Cortesía)
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En el sur del país fueron llamadas compañías auxiliares de infantería, pero en Zacatecas se les conoció como el Batallón Guerrero, célebre por su febril desempeño ante los combates que libró en diversos puntos del estado y en la misma ciudad de Zacatecas cuando esta plaza fue atacada por los revolucionarios en junio de 1914.

Su oficial en jefe fue el coronel Lucio Gallardo, quien tomó matices de caudillo en la afamada corporación huertista.

Origen del batallón
En marzo de 1913, en los estados de Guerrero y Oaxaca se conformaron varios contingentes armados de filiación huertista.

Estas agrupaciones fueron respaldadas por tropa y oficialidad federal, que ya estaba en operaciones en aquella región del país; al conjuntarse toda esta fuerza, su número de efectivos alcanzó los 400 hombres de tropa, dirigidos por una veintena de oficiales.

En pocas semanas, el buen desempeño de esta milicia en contra de los revolucionarios sureños, así como el creciente número de efectivos, le valió para que fuera reconocida como una corporación en forma del arma de infantería: el 5º regimiento fue su nombre y su número.

Para abril de ese año ya había superado el millar de integrantes.

Las acciones que le encomendaron al regimiento fue batir a los rebeldes en varias regiones de los estados de Guerrero y Oaxaca, pero también fue de utilidad para su desempeño en otras partes del país al enviar efectivos a Coahuila, Veracruz y Colima.

El traslado a Zacatecas
Sabedor el general Victoriano Huerta que el corazón político de la Revolución se hallaba en el noreste del país con Venustiano Carranza, decidió armar una fuerte columna militar para que coadyuvara en su sofocamiento.

En junio de 1913 estaban listos los contingentes armados para trasladarse por ferrocarril al estado de Coahuila, pero otro acontecimiento hizo que cambiaran los planes huertistas: Pánfilo Natera, el principal caudillo revolucionario en la región, tomó la ciudad de Zacatecas.

Este hecho significó la primera capital de un estado despojada al Ejército Federal, algo que no pudo tolerar el general Huerta. 

La columna militar compuesta por mil 300 hombres bajo las órdenes del general José Delgado, cuyo destino era ser llevada a Coahuila, tuvo que ser enviada a recuperar Zacatecas.

En esta fuerza se encontraba gran parte del Batallón Guerrero, cuyos efectivos estaban ya acompañados por su principal mando, el todavía teniente coronel Lucio Gallardo.

Pronto tuvieron su bautizo de sangre en la entidad zacatecana con el enfrentamiento que libraron contra Natera en Guadalupe, entre los cerros de la Cantera, Matapulgas, Las Cruces y El Santuario.

En el combate los huertistas echaron mano de toda su infantería y el apoyo de caballería y artillería, por lo que obtuvieron el triunfo y recuperaron la capital zacatecana.

El batallón sin sosiego
Después de reconquistar la ciudad capital, vino la encomienda de recuperar el control de la entidad, empresa que involucraba mayor dificultad por lo vasto del estado y porque la presencia revolucionaria era bastante extendida.

El Batallón Guerrero se asentó de manera definitiva en Zacatecas, incluso se le incorporó el resto de la fuerza que había dejado en el sur del país, por lo que sumó más de mil hombres entre sus filas.

En lo que restó al año de 1913 y primeros meses de 1914, el ya afamado batallón incursionaba al interior del estado de forma recurrente, con el propósito de atacar alguna avanzada insurgente; se transportaba principalmente por ferrocarril y solía enviar algunos centenares de hombres, quienes eran acompañados de artillería y ametralladoras.


No en pocas ocasiones estos cowboys fueron atacados por los mismos revolucionarios, ya fuera en plena marcha o al ser detenidos por la destrucción de la vía férrea.

También muchos efectivos del batallón se dirigían en campaña para hacer frente a los revolucionarios apostados en pueblos y haciendas, como sucedió en Fresnillo para abril de 1914, entre las haciendas de Trujillo y Santa Cruz, donde el enfrentamiento tomó el rango de una batalla en forma, debido a la intensidad de combate, grueso número de tropas y la participación de artillería y caballería.

Para mayo de 1914, a buena parte de la fuerza del batallón de origen suriano se les encontraba apostados en diversas poblaciones del estado, como  Fresnillo, donde había unos 400 hombres; Nochistlán, con cerca de 150 individuos; Pinos, con 90 elementos, y Cieneguillas, donde había poco más de 100 efectivos.

Sin duda, el establecerse en estos sitios advierte la importancia estratégica que tenían para el Ejército Federal algunas regiones del estado de Zacatecas.

A esto habrá que agregar que los integrantes del Batallón Guerrero no estaban solos, pues se hacían acompañar de regimientos de caballería e infantería, fuerzas auxiliares y la siempre necesaria artillería.

El fin en Zacatecas
A principios de junio de 1914, prácticamente todo el estado estaba en poder revolucionario; el Batallón Guerrero se había replegado a la ciudad, la cual comenzaba a ser sitiada por los rebeldes.

La División del Centro dio inicio a una potente ofensiva para tomar la ciudad; entre los días 10 y 14 de este mes, los combates no guardaron tregua y todos los contendientes se entregaron al fragor de la batalla.

El Batallón Guerrero no fue ajeno a estos hechos y sin duda tuvo mérito en el triunfo huertista, pues el coronel Lucio Gallardo se convirtió en uno de los mayores referentes en la defensa de la plaza.
Sin embargo, con la llegada de las fuerzas villistas y la reanudación de la batalla por la ciudad, la fortuna del Ejército Federal demostró ser efímera.

El enorme poder de ataque que mostraron en su conjunto las divisiones del Norte y del Centro socavaron todo intento de defensa.

El coronel Gallardo y sus hombres fueron emplazados en los cerros de la Sierpe, Magistral y El Grillo, la zona que en mayor medida sufrió la embestida revolucionaria.

Se sabe por diversos testimonios que la actitud de los federales en la defensa fue notable, dando un carácter febril.

Lucio Gallardo fue muerto en combate -puede decirse que murió como vivió-, este hecho aconteció poco antes al asalto final revolucionario del 23 de junio.

No sería extraño que su deceso haya afectado los ánimos de sus compañeros de lucha y haya influido en su derrota. 

El Batallón Guerrero fue la corporación de combate más férrea que hicieron frente los revolucionarios en territorio zacatecano, al grado de que numerosas fueron sus participaciones en hechos de armas.
Pero su final también lo encontró en Zacatecas, al ser destruido en la gran batalla que se libró por esta plaza en junio de 1914.

Así las cosas, el coronel Gallardo y gran parte de sus hombres compartieron la misma suerte: el sacrificio por un ejército al que le debían lealtad.




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