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Beatriz González Ortega, ejemplo de convicción Beatriz González Ortega, ejemplo de convicción

Redacción      11 Oct 2013 23:30:05

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La maestra murió a los 92 años. (Cortesía)
La maestra murió a los 92 años. (Cortesía)
Un caso indignante durante la Toma de Zacatecas fue la amenaza de fusilamiento de personas altruistas de la sociedad zacatecana.

Días antes se formó la Cruz Blanca Neutral, a iniciativa de los médicos Guillermo López de Lara, José Macías Ruvalcaba y Francisco del Hoyo; y fungieron como enfermeras damas muy respetables y bondadosas.

Establecieron hospitales de sangre en la Escuela Normal Ávila Camacho, en el Hospital Civil y Calle Tres Cruces.

La tarde del 24 de junio de 1914, el general Francisco Villa recibió información de que doctores y monjas del hospital instalado frente a su cuartel escondían entre los heridos a varios jefes y oficiales federales, violando la orden de entregar a cuanto enemigo se encontrara escondido.

Según Villa, curar al enemigo era ir en contra de las reglas de la guerra. Por eso, dirigió sus pasos al hospital bastante irritado.

Allí llamó al director del hospital, el doctor López de Lara, quien estaba acompañado del ingeniero Luis Rojas y la maestra Beatriz González Ortega.

El general preguntó muy disgustado: ¿Cuáles de los heridos son jefes y oficiales? para fusilarlos. “Aquí no están. Nuestra misión es curar heridos, y cuando los atendemos, no sabemos si son jefes o soldados rasos”, fue la respuesta.

A sobrina de Jesús González Ortega, le hizo la misma pregunta. “No lo sé, señor”, contestó con voz firme y sin inmutarse.

Villa quiso registrar todas las camas y heridos, pero lo consideró una crueldad para los que en verdad sufrían, por lo que, que estimando que sólo eran cómplices doctores y monjas, decidió aplicarles un castigo.

Amenazó con pasarlos por las armas si no le decían quiénes eran a los que buscaba, y al no obtener respuesta, los acusó de Huertistas.

El doctor López de Lara le contestó que ellos pertenecían a la Cruz Blanca Neutral, y que su misión era curar heridos, por lo que impartían servicio médico tanto a federales como a revolucionarios.

Colérico, Villa exigió a la señorita González Ortega una respuesta, y lo que le contestó, terminó por sacarlo de sus casillas: “no lo sé, pero si lo supiera, tampoco se lo diría”.

El general le dio tres fuetazos sobre la espalda, y colérico, se dirigió a López de Lara: “Si no me dicen cuáles de los heridos son jefes y oficiales, los mando fusilar a los tres inmediatamente”.

Beatriz le gritó que eso sería un asesinato, y el doctor le contestó con firmeza: “Puede usted hacerlo, puesto que estamos en sus manos, pero no podremos decirle que grado pueden tener los heridos, porque no lo sabemos”.

Villa, exasperado, ordenó que los llevaran al panteón para fusilarlos.

Un grupo de soldados formó a los sentenciados y se encaminaron hacia el panteón, seguidos por los curiosos, convencidos de que la escolta los pasaría por las armas.

En el camino, la maestra Beatriz se expresaba mal sobre Villa con sus compañeros de infortunio o con la gente que los seguía. Explicaba que ella era sobrina de un famoso hombre militar llamado Jesús González Ortega, y eso la enseñaba a morir con valor.

Eulalio Robles, espía de los revolucionarios, presenció la salida del grupo a fusilar, y con valor civil, encaró a Villa.

“Mi general, usted sabe que no puede y no debe asesinar a la nieta de uno de nuestros grandes héroes. Si lo hace, la historia no se lo perdonará nunca. Además, las personas que usted ha mandado fusilar no le mintieron”.

Eulalio se puso de rodillas e imploró: “Usted sabe que yo no lo engaño, mi general; nunca lo he engañado en mis informes. Le pido la vida de esas personas, porque todas son inocentes”.

En eso habían llegado algunas camillas con heridos villistas, que se desangraban porque no había en el hospital quien los atendiera.

Villa se quedó unos instantes mirando fijamente a Eulalio, y le dijo: Bueno, ya que son inocentes, vaya inmediatamente a suspender el fusilamiento por orden mía”.

Salió corriendo; pidió al chofer de un automóvil que lo llevara para suspender unos fusilamientos; llegaron cuando el grupo cruzaba las puertas del cementerio.

Los inculpados subieron al automóvil y volvieron al hospital a seguir atendiendo a los heridos como si nada hubiera sucedido.

Cronista de Jerez, compilador de varias investigaciones




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