Saturday 10 de December de 2016

Braceros, residentes e ilegales

Javier Torres Valdez      5 May 2014 21:10:07

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Hace ya cerca de medio siglo los Leones jerezanos ya constituidos en club iniciaron una serie de eventos con el interés de recabar fondos para los niños pobres.

En lugar del patronato de la feria existía la Junta de Mejoramiento Moral, Cívico y Material, que como su nombre lo indica, estaba integrado por los mejores hombres del municipio, a quienes les importaba mucho su prestigio moral y su conducta cívica.

Entre los muchos miembros que en su momento tuvo esa junta llegaron a figurar el doctor Varela, Miguel de la Torre, El Chino Escobedo, Juan Santoyo Quezada, Carlos Acevedo, Rafael Argüelles, Rafael Alcalde Ávila, Rafael Alcalde Félix, Jesús Rodríguez Pérez y Benito Robles Sánchez, entre otros.

Trabajaban duro por darle a Jerez prestigio y tradición, pero al paso de los años las cosas fueron cambiando gradualmente; queda el recuerdo de aquellos que mucho se esforzaron por hacer grande a Jerez.

En aquellos ayeres, la cultura del dólar entre los jerezanos no estaba tan arraigada ni existían los programas del 3x1 ni a los trabajadores en el extranjero se les llamaba migrantes ni residentes ni american citizen. Eran simplemente braceros, por aquello de trabajar con los brazos.

Como todavía no existían las bandas de música, los que venían contrataban el tamborazo y aquellos a los que no gustaba esa música contrataban un par de cantadores, quienes con sus vihuelas eran subidos al asiento posterior de un carro de sitio. En la parte delantera iba el chofer y el bracero, quien con la ventanilla abierta saludaba a todo mundo por horas para que se enteraran que ya había regresado.

Tampoco se usaba que trajeran sus “camionetotas” y solo alguno que ya había arreglado su residencia, se animaba a traer algún automóvil que despertaba la envidia y la admiración.

Hubo una vez un residente llamado Francisco Ramírez, a quien sus amigos apodaban La Chiquilla. Su arribo a esta ciudad causó expectación, pues lo hizo en un avión que había adquirido para trasladarse hasta su patria chica en una pista habilitada en terrenos cercanos al Río Mortero; es hasta la fecha el único jerezano que ha regresado en avión hasta su tierra.

El gusto de los paisanos que se han ido a los Estados Unidos es regresar, emborracharse, agarrar la banda y dilapidar lo que con sacrificios hicieron en el vecino y norteño país. Allá para hacerse notar toman cerveza Corona, pero cuando llegan acá, piden Coors. Cuando estaban de moda las grabadoras de casette se esforzaban por traer las más grandes, luego empezaron a traer filmadoras, mismas que luego empeñaban para poder regresarse.

Pudiera decirse que los paisanos que viven en los Estados Unidos se dividen en varias categorías: los ilegales, que son los que envían más dinero porque no saben cuándo los expulsarán; los residentes, son aquellos que teniendo una estancia legal tienen casa y ahorran en bancos americanos. Hay otros que habiendo nacido allá, no quieren ni oír el español, reniegan de su color y de su idioma: son los “gringos cabeza prieta”; cuando vienen a la tierra de sus padres, se caracterizan por maldecir e insultar en inglés y comportarse en forma negativa, algo que no hacen en los Estados Unidos, por el temor que tienen a la policía.

No pueden faltar aquellos que se nacionalizaron americanos y que para justificar su estancia en aquel país se vuelven más fanáticos que la raza sajona y siempre están ponderando que allá todo es mejor, más grande, más bonito, más bien organizado, las vacas son más gordas, el pasto más verde, los policías grandotes y de ojos azules.

La excepción de la regla son aquellos que sin hacer ruido, regresan e invierten su dinero, porque siguen queriendo a su país y tienen la esperanza de regresar en forma permanente. Estos merecen todo nuestro respeto.

Algunos enamorados de su tierra trabajan y luchan por algún beneficio, se organizan en clubes, participan y cooperan para pavimentar una calle, construir una escuela, dotar de energía eléctrica a su comunidad, edificar un auditorio y hasta organizar una empresa que ayude a la economía local.




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