Saturday 10 de December de 2016

La alegría del Evangelio

José Manuel Félix Chacón      11 Feb 2014 22:00:06

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La alegría del Evangelio es el título de la reciente exhortación apostólica del Papa Francisco. Es aventurado plasmar en unas cuantas líneas todo el contenido de este valioso documento; sin embargo, me voy atrever sugerir algunos temas que me parecen interesantes.

El Papa invita a recuperar la frescura original del Evangelio encontrando “nuevos caminos” y “métodos creativos”, a no encerrar a Jesús en nuestros esquemas aburridos. Es necesaria una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están y una “reforma de estructuras eclesiales para que todas ellas se vuelvan más misioneras.

Signo de la acogida de Dios es tener templos con las puertas abiertas en todas partes para que todos los que buscan no se encuentren con la frialdad de unas puertas cerradas. Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Así, la eucaristía no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles.

Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. El Papa reitera que prefiere una Iglesia herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente es que tantos hermanos nuestros vivan sin la amistad de Jesús.

No al clericalismo lanza un llamamiento a las comunidades eclesiales a no caer en envidias ni en celos dentro del pueblo de Dios y en las distintas comunidades, ¡cuántas guerras!. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos? Subraya la necesidad de hacer crecer la responsabilidad de los laicos, mantenidos al margen de las decisiones. A raíz de un excesivo clericalismo.

Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres no se pueden eludir superficialmente.
Los jóvenes deben tener un protagonismo mayor. Frente a la escasez de vocaciones en algunos lugares, afirma que no se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones.

Homilías que hagan arder los corazones. Se detiene con cierta meticulosidad en la homilía porque son muchos los reclamos que se dirigen en relación con este gran ministerio y no podemos hacer oídos sordos. La homilía debe ser breve y evitar parecerse a una charla o una clase, debe saber decir palabras que hacer arder los corazones, huyendo de “una predicación puramente moralista o adoctrinadora”.

Subraya la importancia de la preparación: “un predicador que no se prepara no es espiritual; es deshonesto e irresponsable”.

Una buena homilía debe contener una idea, un sentimiento, una imagen. La predicación debe ser positiva para que “siembre esperanza” y no nos deje “encerrados en la negatividad”. El anuncio mismo del Evangelio debe tener características positivas: “cercanía, apertura al diálogo, paciencia, acogida cordial que no condena”.

Para concluir podemos decir: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento.

Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables.
 




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