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Buscar el reino de Dios y su justicia y todas las cosas se nos darán por añadidura

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      1 Mar 2014 21:30:04

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Jesús invitó a sus hermanos a trabajar en forma ordenada y provechosa. (Cortesía)
Jesús invitó a sus hermanos a trabajar en forma ordenada y provechosa. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
En todas las épocas de la historia y en cada generación, a través del tiempo, el fruto del trabajo, que es el dinero, siempre ha sido la preocupación principal de los hombres.

El dinero trae consigo el poder y la fama. Las fortunas bien habidas o mal adquiridas se usan para bien o para mal.

La avaricia es un vicio que va en contra de la templanza y del recto y equilibrado uso de los bienes materiales y espirituales que pueden conseguirse a base de tener dinero, por medio del cual los hombres creen, muchas veces, que todo se pude llevar a cabo, sin importar si el uso de ese recurso es o no correcto, de acuerdo al bien, la verdad, la fraternidad y la justicia.

Hoy, Cristo nos ilumina con las enseñanzas de su Evangelio, para que quienes deseen seguirlo, aprendan una correcta jerarquía de valores, donde el bien supremo del reino de Dios sea lo absoluto y principal y todas las demás cosas de la creación se ordenen a él y desde luego adquirir una valoración auténtica y verdadera, acerca del dinero, su uso y su subordinación para ordenarlo a la mayor gloria de Dios y a obtener así nuestra salvación temporal y eterna.

BUSCAR EL REINO DE DIOS COMO VALOR SUPREMO EN ESTA VIDA Y SU ORDENAMIENTO A LA VIDA ETERNA
El reino de Dios es el mayor bien temporal y eterno que Cristo ha instaurado para que los hombres que crean en él se salven, mientras dura el tiempo de nuestro existir sobre la tierra, y a la vez podamos libremente, por su gracia y poder, llegar a la fase final, perfecta y definitiva de este reino, que se equivale con la persona del hijo de Dios y su Evangelio y quien al hacerse hombre, nos ha dado los tesoros de su divinidad y humanidad, para ser felices y sabios, no sin cruz y pruebas durante nuestro tránsito por este mundo.

El reino de Dios no es solo comida y bebida con los placeres y satisfacciones que podamos tener; es sobre todo paz, gracia, justicia y gozo en el Espíritu Santo y quienes siguen en esto a Jesús serán gratos a los ojos de Dios de quien los creyentes esperamos, sin lugar a dudas, nuestra salvación eterna que nos ha conseguido y prometido su hijo Jesucristo, con su Pascua de pasión, muerte y resurrección.

Según lo anterior, Cristo nos dice que no podemos servir simultáneamente a Dios y al dinero, porque nadie puede servir y agradar al mismo tiempo a dos señores.

O amamos a Dios por encima de todas las cosas y de nosotros mismos o nos apegamos inconsideradamente al dinero para entronizarlo en nuestras vidas como ídolo que descarta a Dios, perdiendo de esta manera su amor y amistad y exponiéndonos peligrosamente a perder la corona inmortal de la gloria y llevar una vida de pecado y de muerte, que se clausura en sí misma.

CONFIAR EN DIOS, PRIMERO Y LO DEMÁS VENDRÁ POR AÑADIDURA
Precisamente, la confianza incondicional en Dios como padre providente y amoroso no es desentenderse de lo material: comida, vestido, casa y sustento. Jesús invita a sus hermanos a trabajar siempre de forma ordenada y provechosa, obteniendo todo lo que los hombres necesitamos para llevar una vida digna y conveniente a los hijos de su padre. Lo que reprueba es la preocupación exagerada y nimia por todas las cosas que él ya sabe que necesitamos.

Jesús nos invita constantemente a que contemplemos y valoremos el despliegue amoroso y sabio de la providencia de su padre, con la cual alimenta las aves del cielo y viste con belleza y esplendor admirables a los lirios del campo.

Dice Jesús que si el padre de la vida y la creación cuida y embellece tanto a las criaturas inferiores a los hombres, con cuánto mayor amor, cuidado y ternura no cuidará a sus hijos redimidos por la preciosa sangre de su hijo hecho hombre y hechos a su imagen y semejanza.
Dios hace mucho más por sus criaturas los hombres y lo que pide es que los hombres tengamos fe en él, en su hijo y en el Espíritu Santo.

Esta gran verdad que Jesús nos revela acerca de la providencia divina para con sus hijos, la podemos traducir con el dicho popular, sencillo y certero en su significado: “A Dios rogando y con el mazo dando”.

CONCLUSIÓN
A la luz de todo lo que llevamos dicho en esta homilía, podremos entender un poco o mucho, según las disposiciones de cada quien, que los bienes de este mundo deben orientarse y ordenarse para que el reino del amor fraterno y del servicio que Cristo nos ha dado con la entrega de su vida y su Evangelio sea una realidad fecunda que alimente todas las actitudes y valores con los cuales los creyentes proclamemos siempre con pensamientos, palabras y acciones, que la salvación está operando entre nosotros y que se hace objeto de la evangelización, como anuncio misionero para todos los pueblos de la Tierra.




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