Thursday 08 de December de 2016

Cuerpo humano y cuerpo social

Elizabeth Sánchez Garay      1 May 2014 21:10:06

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En internet descubrí a un poeta venezolano llamado Alejandro Oliveros, quien tiene una prolífica obra. Especialmente interesante me ha parecido el libro Poemas del cuerpo, donde restituye la unidad del yo y del nosotros frente a la fragmentación social.

En este libro, el autor reconoce la generosidad del cuerpo para acoger al hombre entre sus pliegues cálidos y protegerlo de los ventarrones externos. El cuerpo es percibido, entonces, como la morada física del hombre, pero también como parte de sí, a la manera de un yo interior con el que se puede dialogar sin ambages.

También encontré en la red una página del poeta, donde, a la manera de un diario, escribe acerca de sus reflexiones sobre literatura, arte y sociedad, algunas de las cuales me parecieron singularmente interesantes.

Por ejemplo, establece un paralelismo entre las enfermedades del cuerpo humano y las enfermedades del cuerpo social. Así, menciona que la fisiología del totalitarismo se asemeja a un cáncer invasivo que termina por desplazar y destruir las células sanas.

La tiranía cancerígena, -dice- tiene vocación totalitaria y solo puede ser curable si se diagnostica a tiempo y no se demora el tratamiento, como sucede también en la sociedad. Por ello, los destellos de posibles tiranías o autoritarismos deben atacarse de inmediato, antes de que sea demasiado tarde y de que invada la conciencia de los ciudadanos.

De manera similar en que los signos de una enfermedad pueden ser reconocidos o intuidos, la sintomatología de los regímenes autoritarios comprende, por lo general: desaparición fáctica de las formas de representación, secuestro de instituciones fundamentales, extinción de la separación de poderes, conversión del opositor y del crítico en enemigos, terminación de las libertades individuales y culto a la personalidad.

Esta metáfora la lleva Oliveros al plano de Venezuela, ya que desde tiempo atrás empezaron a observarse síntomas preocupantes en el sistema político: “manchas en la piel, desorden en los valores humorales, complicaciones sistémicas, dificultades en la marcha, problemas de circulación, derrames subcorticales, dificultades respiratorias, entre otros”.

Desafortunadamente, señala, hubo acierto en el diagnóstico, pero equivocación en la terapia. Ante la posible irreversibilidad de la enfermedad, se anticipó la eutanasia: había que abrir paso a un nuevo orden y así llegó el “Nuevo Mesías”, que en el texto de Oliveros está representado por Hugo Chávez, aunque ya sabemos que con Nicolás Maduro el mal es todavía más dañino.

La conclusión del poeta es interesante y aleccionadora: si la enfermedad del cuerpo humano puede ceder con el tratamiento adecuado, las afecciones del cuerpo social también pueden sanar. Para ello es importante no utilizar medicamentos que curen un padecimiento, pero propicien otro más grave.




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