Saturday 10 de December de 2016

¿Dicha o tristeza por la jubilación?

Elizabeth Sánchez Garay      18 Sep 2014 21:30:12

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Por azar o por la edad de los amigos, en los últimos meses he estado en varias reuniones donde ha salido a relucir el tema de la jubilación.

Las charlas, más que centrarse en la cuestión de las pensiones, que ya de por sí es un problema difícil de afrontar para quienes verán drásticamente reducidos sus ingresos, ha girado en torno a la posible depresión que se puede experimentar al concluir la etapa laboral.

Me enteré, por ejemplo, que una persona llegó a tener tanto miedo a jubilarse, porque relacionaba el cese de su trabajo con la muerte, que el día en que llegó la hora de recibir su último pago sufrió una embolia cuando estaba con los amigos, quienes se habían reunido con él en un bar para festejar tan importante acontecimiento.

Ese fue un caso extremo, pero en general, me ha llamado la atención las casi nulas perspectivas sobre las actividades a realizar en el futuro cercano, en la mayoría de las personas. Sobre todo a quienes tienen trabajos extenuantes y con largas jornadas laborales se les dificulta imaginar siquiera lo que les gustaría hacer.

Extrañamente, es como si la falta de obligaciones fuese un motivo de preocupación, por la posible depresión que ello podría generar.

También hay quienes opinan que los problemas derivan del sentimiento de inutilidad o de la pérdida de amistades, en el caso de que el núcleo social se haya restringido a los compañeros de trabajo.

Es probable que esta visión negativa se deba a que los fines productivos de los sistemas económicos han penetrado en el mundo de la vida, generando en el imaginario social la idea de que solo es valioso el trabajo que genera plusvalía, como si no hubiese otros espacios del quehacer humano que contribuyesen a la realización personal, lo cual de suyo es lamentable.

Una conclusión he sacado de estas pláticas. Los amigos que han efectuado otras actividades durante su vida esperan con optimismo la baja laboral porque saben que podrán consagrarse a ellas. Por ejemplo, quienes tocan un instrumento, componen, escriben, pintan, estudian o disfrutan la lectura.
Por el contrario, quienes no han hecho otra cosa en su vida, más que dedicarse al trabajo remunerado, carecen de la experiencia gratificante que brinda el desarrollo de otras potencialidades humanas.
Por ello muestran desazón, ya que, en cierto sentido, se han negado a sí mismos para convertirse solo en entes productivos.

Supongo que ha de generar mucha tristeza comprobar la imposibilidad de imaginarse otro mundo posible. Pero claro, eso se puede revertir si se rescatan los anhelos que fueron guardados en el cajón por falta de tiempo.

Miembro del SNI




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