Saturday 10 de December de 2016

El arte de educar 

Miguel G. Ochoa Santos      5 Jan 2014 19:30:05

A- A A+

Compartir:
Para Eduardo Oliva por su ingreso al SIN.

Soy contrario a la educación que opera con tecnologías disciplinarias de temor y miedo. Infundir terror es el recurso por el que optan los profesores mediocres y escasamente creativos. Prefiero los docentes que despiertan tempranamente la pasión por el acto de pensar y que tejen con sus alumnos relaciones de confianza y cercanía, sin menoscabar el rigor académico y el respeto personal.

Tampoco me resulta agradable la pedagogía doctrinaria que parte de dogmas incuestionables y que, por tanto, reduce el diálogo crítico a la confirmación de verdades científicas o ideológicas previamente sacralizadas. Una cosa es partir de certezas inestables para construir modelos de conocimiento productivos y, otra, es transformar las teorías y conceptos en monolitos inmutables, ya que generalmente estimulan el fervor religioso o la reiteración cansina de lo consabido.

Las tentaciones de poder, y los grandes dividendos que produce una personalidad seductora asociada a éstas, son pasiones excesivamente tóxicas, sobre todo porque impiden consolidar un pensamiento independiente, libre y distante del utilitarismo. Esto no implica que el lance humorístico y la ironía deban ser desterrados del diálogo pedagógico, como tampoco los afectos y las emociones. Por el contrario, la enseñanza solemne y tenebrosa es un tumor que siempre carcome el júbilo del pensar; ensombrece el brillo de la perplejidad y mengua la fascinación por las figura paradójicas de la existencia.

Son los profesores narcisistas quienes por lo regular sustentan la labor magisterial en verdades incólumes y cultos a la personalidad, a veces lo consiguen empleando recursos sutiles con el objeto de borrar las huellas más visibles del egotismo suyo. En esta vertiente el alumno es concebido como feligrés y no como una alteridad capaz de pensar por sí misma.

Por supuesto que la formación educativa es un terreno pantanoso y complejo. No hay recetas ni fórmulas exactas para generar al mismo tiempo personas reflexivas y ciudadanos cívicamente responsables, así como seres humanos emocionalmente maduros. Quizá la carga sea desmesurada para el sistema de enseñanza, tal vez utópico sea concebirla como una institución omnicomprensiva. De hecho, el pragmatismo burocrático se ha dado cuenta de esta situación y ha orientado la función de la educación, y también los presupuestos, hacia el desarrollo de una formación predominantemente utilitaria.

Esta forma de ver el proceso de enseñanza no sólo es zafia, sino catastrófica para un país que, como el nuestro, no ha logrado consolidar la formación cívica y democrática de sus ciudadanos, mucho menos el pensamiento lúcido, el cual no debiese confundirse con las arengas doctrinarias de toda la vida. Hace falta una alternativa rigurosa y no puramente utilitaria de la educación.

 




Comentarios
No existen comentarios aún
Accesa o regístrate para poder comentar

Lo más leído
Aplicaciones


Servicios
$ Dolar
Compra 20.38
Venta 20.88
€uro
Compra 21.54
Venta 22.04

Multimedia



©Todos los derechos reservados
GRUPO EDITORIAL ZACATECAS, S.A. DE C.V.- De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la Publicación,
retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos de este portal.




Aviso de privacidad