Saturday 03 de December de 2016

El lenguaje no es otra realidad

Miguel G. Ochoa Santos      2 Nov 2014 19:29:34

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El arte de la magia es maravilloso cuando la distancia entre lo posible y lo imposible es mayor. Sobre ese hiato crea el mago una ilusión de trascendencia que supera el principio de realidad, construyendo así un mundo alterno donde el orden racional de las cosas no gobierna la existencia.

Pero el buen mago siempre es un gran impostor que sabe explotar la fascinación y encontrar los puntos ciegos de la percepción nuestra. Aprovecha las pulsiones del embeleso para despistar al público y desplazar la atención del espectador hacia un lugar insulso donde nada acaece, mientras que el timo va fraguándose en un sitio oculto a la mirada y los sentidos.

De pronto, un elefante desaparece del escenario tras una cortina que se emplea como camuflaje; súbitamente un conejo salta de la chistera; una hermosa edecán es mutilada por las afiladas espadas del hechicero, para luego reaparecer íntegra en una caja especialmente diseñada para realizar la engañifa. El mago configura así un proscenio ficcional donde lo improbable es más real que la realidad misma.

La más reciente película de Woody Allen, Magia a la luz de la luna, desarrolla magistralmente este tema.

Pero no es de este filme de lo que quiero hablar, sino de las analogías que existen entre la magia y la capacidad de crear una realidad transmutada, a partir de manipulaciones lingüísticas y trucos narrativos.

Acaso el discurso político es el ejemplo más depurado de la capacidad que el lenguaje tiene para producir quimeras asequibles al consumo popular.

Los políticos, como los magos, parten del supuesto de que el lenguaje siempre representa la realidad, que aquello que las palabras dicen es algo concreto, tangible. Por tanto, la tarea de crear una ilusión es sencilla, basta con producir una descripción magnifica de un suceso o una cosa real para que ésta se convierta en verdad, por ejemplo, la siguiente declaración: México ha superado la época de la violencia.

¿Se podría afirmar este enunciado como algo objetivo? Claro que sí, pero corriendo el riesgo de que sucesos posteriores revelen el carácter ilusorio de la aseveración, por ejemplo, los recientes episodios de violencia en Iguala. Es decir, con el lenguaje podemos predicar lo que queramos de aquello que el sentido común designa como realidad, pero el discurso lingüístico no es la realidad misma, sino una construcción ficcional que podría usarse, entre otras cosas, para generar un espejismo de realidad.

Los magos de la propaganda y la publicidad utilizan instrumentalmente esta capacidad ficcional para vendernos una versión mutilada, exagerada o fantasiosa de los sucesos que por lo general nada tienen que ver con el mundo nuestro.




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