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 Gatos Negros: una historia memorable 

Elizabeth Sánchez Garay      30 Jan 2014 20:00:06

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A mi padre: Guillermo Sánchez.
Pionero del futbol americano de Monterrey


Cada vez son más los mexicanos que siguen los juegos de futbol americano de la liga estadounidense. Muchos de ellos seguramente esperan con emoción el Super Bowl del domingo próximo, donde los Broncos de Denver se medirán a los Halcones Marinos de Seattle.

En Monterrey, este deporte tiene mucha tradición. Se remonta a principios de la década de los cuarenta del siglo pasado, cuando se formó el primer equipo de futbol americano llamado “Gatos Negros”.

La historia, singularmente interesante de cómo se creó este equipo, es la siguiente. Un grupo de jóvenes, del centro de la ciudad, se reunía con frecuencia a jugar futbol en la plazuela de la iglesia Cristo Rey, a finales de los treinta.

Un día, el padre de uno de ellos le regaló a su hijo un balón de futbol americano que había adquirido en San Antonio, Texas. Los jóvenes, sin saber cómo se jugaba con él, solían patearlo para que alguien lo atrapara, mientras los demás le caían encima.

En cierta ocasión una persona que pasaba por allí les preguntó si no querían saber cómo se jugaba futbol americano con aquel balón y ellos aceptaron. Fue así como después de muchas prácticas decidieron crear el equipo de Gatos Negros.

Como eran jóvenes de escasos recursos, y no contaban con apoyo de institución alguna, los uniformes utilizados eran rudimentarios. Por ejemplo, las hombreras se hicieron con pedazos de lona y estopa de catres viejos porque no contaban con presupuesto para adquirirlos en Estados Unidos.

Aun con esas penurias, Gatos Negros inauguró los juegos de futbol americano en Monterrey en el que participaba un equipo local. El 31 de mayo de 1942 se enfrentó al subcampeón segunda fuerza del Distrito Federal, YMCA.

Aquella vez perdió, pero quedó registrado en la prensa su triunfo, en febrero de 1945, sobre los Tigres de la Universidad de Nuevo León, equipo creado dos años antes. El marcador fue: Gatos Negros 7, Tigres 6.

Las dificultades económicas hicieron que Gatos Negros tuviera una vida corta, pero abrió camino a una práctica que actualmente se extiende a muchas ligas regiomontanas de todas las edades Por ello, sus integrantes, casi todos ya fallecidos, recibieron reconocimientos en vida.

Conozco la historia porque mi padre, Guillermo Sánchez, a quien le decían “El borrado” por sus ojos azules, formó parte de ese legendario equipo, con el número 33.

En Gatos Negros también participó mi tío, Gaspar Mass, quien después fue, por más de 25 años, entrenador en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Por eso un estadio de esa institución lleva su nombre.

 




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