Monday 16 de January de 2017

Izquierda economicista 

Miguel G. Ochoa Santos      8 Dec 2013 22:00:06

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La potente crisis española ha desvelado las paradojas a las que se enfrenta hoy el ideario socialista, sobre todo si se mantiene fiel a la centralidad económica de la modernidad instrumental. Para reconstruir el sistema, la derecha de aquel país ha puesto en marcha políticas públicas agresivas que contienen, al mismo tiempo, acciones catastróficas y soluciones importantes.

Destaca la demolición del Estado de bienestar entre las tareas más ruinosas que se han intensificado en los dos últimos años. El gasto gubernamental ha disminuido dramáticamente en las áreas sociales y culturales, en las ayudas a la pequeña y mediana empresa, en la inversión en ciencia y tecnología, en el otorgamiento de becas universitarias. Los salarios se han estancado, incluso recortado en muchos ramos productivos, y las pensiones comienzan a menoscabarse.

Las universidades públicas experimentan una crisis inédita, ya que los presupuestos son insuficientes para cumplir las tareas básicas de las instituciones, no se diga para ampliar su potencial académico.

Además, en estos momentos, cuando el mercado no crea empleo, sino que en realidad lo sigue destruyendo para abaratar los contratos y la carga de prestaciones, los jóvenes egresados chocan cotidianamente contra un muro difícilmente franqueable de paro nacional.

Los desempleados, según los últimos datos proporcionados en noviembre de este año por el Ministerio de Empleo, alcanzan la cifra de 4 millones 900 mil personas. ¡Una verdadera fatalidad! Este desastre es todavía más hondo entre la población juvenil, alrededor del 57% de los desempleados pertenecen a este sector. Como resultado, la emigración está creciendo a niveles insospechados, sobre todo entre los universitarios talentosos que no tienen cabida dentro del sistema educativo español. Aquella nación perderá a las generaciones de profesionistas e investigadores mejor cualificados de la historia suya.

Lo que se había logrado gracias a décadas de bonanza económica e inserción en Europa se ha derrumbado explosivamente por efecto de la crisis económica, la corrupción y la falta de un proyecto político y social disyuntivo al del mecanismo compulsivo de la producción materialista, el consumo galopante, la voracidad financiera de los banqueros y la ideología utilitaria.

La centralidad económica de la modernidad ha revelado una vez más la potencia destructiva que es inherente a su discurrir cíclico: millones de vidas sin empleo, agobiadas por deudas y cuantiosos gastos diarios. La izquierda española seguramente aumentará su influencia en los próximos años gracias al desasosiego ciudadano, pero sería indecente impulsar sin más esta ilusión de
progreso material que cotidianamente vende el mercado. Encontrar nuevos modos de ser dentro de los poros y oquedades que el sistema siempre deja libres sería uno de los desafíos más significativos para un movimiento verdaderamente alternativo.
 




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