Sunday 11 de December de 2016
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La investigación en universidades privadas 

Elizabeth Sánchez Garay      6 Feb 2014 21:00:06

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A principios de este año, el Director General del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, Enrique Cabrero, anunció que se ampliaría la base de académicos que podrían recibir el 100% del monto del estímulo económico que se otorga a los miembros del Sistema Nacional de Investigadores, vía convenio con universidades privadas.

Este cambio surge de la necesidad de incrementar el desarrollo integral de la investigación científica y tecnológica del país. Con anterioridad, CONACyT sólo aportaba el 30% del estímulo a los miembros del SNI que laboraban en instituciones del sector privado.

Lo interesante de esta nueva política nacional es que las universidades privadas, firmantes del convenio, adquieren el compromiso de destinar el equivalente de los recursos que el SNI aportará a los investigadores miembros del sistema, al desarrollo de la investigación en sus instalaciones y al fomento de posgrados de excelencia.

Hasta el momento, 40 instituciones privadas han firmado el convenio, pero se espera que el número se incremente en el futuro, lo que constituye una buena noticia porque con ello se elevarán los recursos económicos orientados a la generación de conocimiento en México, aspecto fundamental para el desarrollo de toda nación.

Desafortunadamente, hay investigadores de universidades públicas que han salido a criticar esta política con argumentos que nacen de prejuicios absurdos, por no decir mezquinos.

Por un lado, hay quienes suponen que el apoyo a investigadores que trabajan en grandes instituciones privadas significa, en realidad, utilizar los impuestos para subsidiar indirectamente a las corporaciones empresariales, sin tomar en cuenta que resulta discriminatorio dar o negar el estímulo a los académicos por el lugar donde trabajan y no por la calidad de su producción científica.

Por otro lado, existe una visión errónea de considerar como universidades “patito” a las pequeñas instituciones sin evaluar la amplia diferencia que existen entre ellas. Como toda generalización, esto es falso.

El hecho de que este tipo de universidades no tengan programas de posgrado de excelencia, por ejemplo, no significa, necesariamente, que la calidad académica sea baja, sino que resulta imposible tener la cifra mágica de nueve doctores de planta, como pide CONACyT. Eso solo lo pueden hacer las instituciones públicas que están subsidiadas por la federación, así como las grandes corporaciones educativas.

Además, tiene razón el Dr. Eduardo González, miembro del SNI que trabaja en el Tec de Monterrey, cuando señala lo siguiente: “no está de más decir que muchos investigadores de universidades (privadas) solicitamos en algún momento de nuestra vida profesional ingresar a universidades públicas sin obtener resultados positivos, muchas de las veces no por falta de calidad de nuestro trabajo, sino por el tráfico de plazas laborales”.
 




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