Tuesday 24 de January de 2017

La paradoja de la esperanza de vida 

Elizabeth Sánchez Garay      11 Sep 2014 21:30:04

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Una buena noticia para los seres humanos es que la esperanza de vida se ha incrementado. De 1990 a la fecha, según estudios de la Organización Mundial de la Salud, esta cifra ha aumentado seis años en promedio.

Actualmente la esperanza de vida para los hombres es de 68 años y de 73 para las mujeres, pero, en realidad, este número es mucho más alto en sociedades occidentales. Por ejemplo, el promedio de vida de las mujeres en España o Italia es de 85 años, mientras que en países como Suiza o Suecia, los hombres viven, en promedio, 80 años.

La mala noticia es que este incremento de los años en que las personas viven dentro del rubro de la vejez va generalmente acompañado de algún tipo de discapacidad motriz, visual, auditiva o mental, como resultado del deterioro natural del cuerpo.

Y es mala noticia porque nuestras sociedades, algunas más que otras, muestran un alto grado de insensibilidad hacia las personas mayores o con discapacidad; o bien, no ofrecen condiciones para enfrentar este periodo de la vida; por ejemplo, en lo referente a las pensiones.

En un reportaje televisivo sobre discapacidad en México, un grupo de ancianos se quejaba de todos los problemas que debe padecer diariamente para desplazarse por el Distrito Federal, además de las dificultades para tener un empleo, el cual se requiere porque el dinero recibido por las pensiones no permite cubrir siquiera los gastos de los servicios sanitarios.

Una de las personas entrevistadas, del sexo femenino y como de 80 años, hizo una reflexión muy lúcida.

Comentó que era terrible tener que llegar a la vejez para darse cuenta de la poca importancia que la sociedad otorga no solo a los ancianos, sino también a los ciudadanos con discapacidad.

En su caso, decía la mujer con autocrítica, jamás se había percatado de la falta de rampas en los lugares públicos, ni de las malas condiciones del transporte para atender a este segmento de la población.

Después se hacía la siguiente pregunta: ¿Por qué no hacemos nada cuando todos, si bien nos va, vamos a terminar siendo unos viejos con achaques?

Tiene razón, y las cosas se complican para quienes no pertenecen a las clases sociales pudientes. Es decir, se complican para la mayoría de los mexicanos, los cuales usan transporte público, no tienen servicio de gastos médicos mayores y viven con los raquíticos ingresos del Seguro Social.

He ahí la paradoja. El desarrollo científico ha permitido que la esperanza de vida se incremente, pero este beneficio no va a la par de programas sociales para vivir de forma digna la vejez.




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