Saturday 10 de December de 2016

¿Literatura comprometida?

Miguel G. Ochoa Santos      6 Apr 2014 21:00:06

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Me parece bien que dentro del gremio de escritores exista indignación por la degradación política y social del entorno. Que existan voces discordantes y críticas es fundamental para desencantar las imágenes hinchadas de felicidad que las élites intentan vender cotidianamente. Dar voz a los que no la tienen, también es una actitud digna de encomio, como lo es denunciar las atrocidades que a diario se comenten contra los ciudadanos.

Sin embargo, discutible es la intención de convertir la escritura ficcional en heraldo de la ideología y el compromiso social, apelando a los orígenes comunicativos y referenciales del lenguaje. Algunos intelectuales persisten en la idea de identificar sin más el discurso literario con el uso político que las plumas realistas han practicado durante siglos. Pero las cosas no son tan simples ni mecánicas.

Un escritor podría elegir, por ejemplo, el camino de representar una situación calamitosa o contraponerse a la existencia coyuntural, a través del empleo de estructuras narrativas y ficcionales. Está en su derecho, la riqueza y flexibilidad de la literatura dan para eso y más. Grandes obras naturalistas se han configurado bajo el modelo de la impostura realista, ilusión que mediante la analogía busca crear un microcosmos similar al que se percibe como mundo “objetivo”. De hecho, el escritor con oficio es capaz de erigir un territorio narrativo a partir de los propios valores y sesgos ideológicos sin destruir el espejismo realista.

También sería entendible que un narrador de ficciones utilizara el discurso estrictamente político para denunciar las contradicciones del presente, renunciando a convertir la literatura en vehículo personal de sus propias concepciones éticas y sociales. Este último artista tendería a separar el territorio del deliro ficcional de la esfera de las estructuras lingüísticas, argumentativas y comunicativas que rigen el discurso ideológico. Porque, en efecto, se trata de ámbitos distintos cuyas lógicas son peculiares y opuestas.

El delirio ficcional crea sus propios personajes sin recurrir a la semejanza realista. Monstruos y seres improbables se despliegan y proliferan en condiciones igualmente paradójicas e imposibles. Se transgreden los principios de identidad y no contradicción, lo mismo que las categorías lógicas y semánticas del discurso objetivo. Es una literatura en estado puro y sin límites, literatura de la mentira, como la ha bautizado con notable lucidez el genial Giorgio Manganelli.

Por el contrario, la imaginación ficcional está constreñida y subordinada a consideraciones y valores extra-literarios en la narrativa realista. Las estructuras delirantes cesan o solo funcionan como canales de un lenguaje encadenado al mundo de los hechos concretos.




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