Monday 05 de December de 2016

 Paseo de las reformas 

Miguel G. Ochoa Santos      15 Dec 2013 20:00:06

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Los variados agentes económicos y políticos del país están de plácemes con la última de las modificaciones propuestas por el presidente Enrique Peña Nieto. Los fuegos pirotécnicos y los festejos anticipados han tocado el alma de los analistas mediáticos más proclives al régimen actual. Antes de que lleguen los resultados tangibles de la reforma energética, las campanas han sonado con fervor en diarios y telediarios, en televisoras y portales de Internet.

No han escatimado recursos económicos ni estrategias retóricas para vender la idea de que el paseo de las reformas llevará a México a paraísos insospechados. Sin embargo, para los que tenemos edad suficiente y memoria los jolgorios no dejan de retintinear como una suerte de paramnesia que trae al presente vivencias pasadas. Efectivamente, con el petróleo ya hemos experimentado la fiesta climática y la cruda bestial durante el aciago sexenio de López Portillo. También padecimos las privatizaciones de Miguel de la Madrid y Salinas de Gortari. A cambio prometieron empleos, aumento de la productividad, eficacia tecnológica y administrativa, así como tarifas competitivas en los bienes y servicios.

Pero estas promesas poco se concretaron, dejaron monopolios y oligopolios privados que cotidianamente se oponen a las políticas verdaderamente modernizadoras de la economía, del mundo laboral y de la cultura. Muchos aún somos víctimas de la voracidad bancaria y de los malos servicios que ofrecen. El ámbito de las telecomunicaciones permanece en los hechos intocado. La oferta mediática es escasa y plagada de productos chatarra, sobre todo de aquellos que se dicen de entretenimiento masivo. La expansión de la Internet no avanza porque el ancho de banda es risiblemente estrecho y costoso para familias que malviven con los salarios miserables que se pagan en las “modernas empresas”.

La reforma educativa será letra muerta porque al SNTE se la ha otorgado el control de algunas de las Secretarías de Educación en los distintos estados y a la CNTE se le tiene afecto o miedo en varias entidades. Ambos engendros institucionales siempre serán juez y parte de un sistema reprobable y reprobado internacionalmente.

La bonanza que habrá seguramente se quedará, como ha sido siempre, en pocas manos, mientras que los costos del desastre ecológico los seguiremos pagando los ciudadanos con nuestros impuestos. Los salarios permanecerán deprimidos, el empleo formal seguirá siendo precario y tanto la cultura como la educación serán territorios marginales poco atendidos y mal administrados.

Me gustaría ser optimista, pero el escepticismo no es fruto de los genes, la historia reciente de México demuestra que nuestra clase política ha cultivado con esmero la suspicacia ciudadana. Ni el teatro de la hipocresía montado por el PRD hará que este hecho cambie.
 




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