Monday 05 de December de 2016

Reformismo inverosímil

Miguel G. Ochoa Santos      24 Aug 2014 21:00:07

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Los anticipados cantos de victoria de la élite político-empresarial por la promulgación de las recientes reformas legislativas chocan cotidianamente con las experiencias trágicas de buena parte de la ciudadanía mexicana. No solo un viscoso escepticismo invade la percepción, también los hechos diarios alimentan la incredulidad pesimista.

La promesa no tiene el poder de fascinación de antaño, de aquel país resignado a bailar al son de las matracas priístas. Incluso la voracidad dineraria y el talante corrupto de las izquierdas y derechas partidistas han socavado el prestigio de la retórica optimista. El ciudadano quiere la prosperidad hoy, porque cansado está del aplazamiento permanente de los beneficios y de las resacas anticipadas del supuesto jolgorio futurista.

Es en el tiempo y circunstancias presentes donde radica el contraste y el desencanto. ¿Por qué habría de entusiasmarse por el débil abatimiento de la violencia que blande el discurso oficial, si la narrativa cupular siempre ha argumentado que éste es un proceso complejo que se ha gestado hace muchos años? Nos han dicho por activa y por pasiva que la sangre no remitirá pronto dada la profundidad del fenómeno.

Los secuestros y extorsiones persisten, la inseguridad se mantiene en niveles alarmantes en vastas regiones del país. El narco sigue controlando generosas porciones del territorio nacional de la mano del poder político y empresarial. El desempleo crece, lo mismo que el temor al terror, por tanto, las condiciones para que ríos de personas emigren principalmente hacia Estados Unidos perduran.

Lo penoso del caso es que esos contingentes mantienen una voluntad inquebrantable para vencer al destino calamitoso de México. Son seres que han tomado la decisión de marcharse para no sucumbir a las hordas de asesinos y múltiples depredadores que asolan sus comunidades. Este éxodo es un rechazo a colaborar con los delincuentes, como también es un escupitajo al estado de resignación y pasividad.

Son modernos Odiseos que añoran el terruño mítico, pero van en pos de una utopía progresista tangible. En el camino de este viaje atroz muchos son devorados por monstruos inconcebibles y agraviados por tropas agrestes del racismo imperial. Mientras tanto aquí se sigue festejando con champaña el triunfo de los intereses particulares y la abundancia de recursos que seguramente los partidos recibirán por los servicios prestados al poder transnacional.

Ciertamente la bonanza llegará mañana, pero solo para las élites, como antes el manejo trapichero de las aduanas procreó una casta de privilegiados que ahora viven de sus rentas y negocios. Los líderes sindicales y partidarios seguirán acumulando poder y riqueza, las empresas serán intocables a pesar de los siniestros ecológicos que puedan provocar, como los que hoy generan a raudales con total impunidad.




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