Tuesday 06 de December de 2016

¿Somos todos enfermos mentales?

Elizabeth Sánchez Garay      2 Oct 2014 21:30:03

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Pareciera que en las sociedades actuales no hace falta tener fuerza de voluntad para cambiar hábitos, superar problemas o enfrentarse al caos de la vida cotidiana, ya que existen las píldoras maravillosas que prometen hacer la existencia más llevadora, sin grandes sacrificios.

Por ejemplo, si alguien no puede dormir, en lugar de aprender métodos de relajación que, claro, requieren tiempo y los resultados se tardan en llegar, puede tomarse un inductor del sueño que ocasionan riesgos a la salud, pero no exige mayor esfuerzo. Para la persona estresada están los ansiolíticos; para la que se siente tristeza, los antidepresivos.

La creciente adicción a los fármacos es analizada por el estadounidense Allen Frances en su libro ¿Somos todos enfermos mentales?, publicado recientemente en español (Ariel, 2014).

El autor sabe de lo que habla: durante años dirigió el Manual Diagnóstico y Estadístico, considerado como el texto más importante de los psiquiatras porque allí se definen y describen las patologías mentales, cuyas tipologías responden a pequeños y grandes malestares de las personas en el mundo actual.

Desde su perspectiva, este exorbitante incremento de las enfermedades mentales se explica porque el campo médico ha cedido a la presión de las farmacéuticas para convertir en trastornos anímicos lo que en realidad, no son sino problemas cotidianos que pueden afrontarse sin medicación.

Ello ha provocado el consumo desmesurado e incontrolado de medicinas que crean mucha adicción, al grado de que, en la actualidad, es mayor el número de muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.

Una de las nuevas patologías hace referencia a la hiperactividad y déficit de atención de la niñez. Según el especialista, solo el dos o el tres por ciento de los niños padece realmente este problema.

Sin embargo, en Estados Unidos están diagnosticados con esta afección el 11% de los menores y el 20% de los adolescentes varones. De ellos, al menos la mitad son tratados con fármacos.

No solo eso. De acuerdo a estudios recientes, actualmente alrededor de 10 mil niños en ese país, menores de tres años, toman medicamentos por esa supuesta enfermedad. Podemos imaginarnos, entonces, el futuro que le espera a un niño que antes de cumplir los tres años ya es dependiente de fármacos.

Así, por ignorancia o comodidad, los padres no requieren ahora buscar explicaciones de los motivos por el que sus hijos son hiperactivos -lo que podría deberse, entre otras cosas, a un índice de inteligencia mayor a la media de los niños de su edad- ya que existen fármacos que son recetados para atender ese “mal”.

De seguir esta tendencia, las empresas farmacéuticas serán más rentables y los seres humanos más débiles.

Miembro del SNI




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