Monday 05 de December de 2016

¿Universidad utilitaria? 

Miguel G. Ochoa Santos      9 Mar 2014 21:30:05

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Me temo que el sueño que comparten las instituciones sociales y los agentes del mercado es tener a su disposición una educación universitaria enteramente pragmática y pertinente. Volcadas a satisfacer las necesidades profesionales del entorno laboral y a resolver los problemas básicamente económicos del País, las universidades obtendrían financiamiento abundante y aplausos prolongados de los gobiernos y empresarios en turno.

Por supuesto que bajo ese modelo únicamente las áreas del conocimiento dispuestas a engancharse al convoy productivo tendrían razón de ser, gozarían de amplia justificación social. Incluso las disciplinas menos proclives a vincularse al ímpetu utilitarista, como la historia, la filosofía y las artes podrían encontrar un “nicho de oportunidades” si abandonasen la arrogancia de sentirse diferentes del resto de aquéllas, para ponerse al servicio del turismo, del espectáculo, del entretenimiento y del mundo organizacional.

Qué tanto es tantito. Bien harían estas expresiones del pensar y el quehacer estético transformándose en pilares de la divulgación y difusión del folklore municipal y nacional. Las orquestas sinfónicas y los grupos de cámara habrían de mutar en banditas domingueras para divertir a turistas y visitantes distinguidos.

Sopranos y tenores estarían compitiendo con las estrellas de la mediocridad mediática, interpretando cantinelas populares o baladas ñoñas.

Así no faltarían dineros para las universidades públicas, aunque las escuelas de arte dejasen en el camino su raíz primigenia: crear artistas y no engendros industriales de la diversión. También los historiadores podrían rescatar cuanto documento y personaje insulso encontrasen por el solo hecho de ser parte del acontecer regional. De esta manera, los libros proliferarían en el mercado artesanal, apuntalando la economía e hinchando artificialmente el patrimonio cultural autóctono.

Mientras tanto los filósofos podrían dedicarse a impartir las asignaturas de valores éticos, sobre todo de aquellos pertenecientes a la cultura del éxito monetario y del rendimiento político, cuyas concepciones acerca del esfuerzo y virtuosismo personal son tan ligeras y anodinas como las películas de Eugenio Derbez.

La religiosidad pragmática busca salpimentar la vida, no pensarla radicalmente, ni hurgar en las potencias sagaces de la ficción, muchos menos imaginarse mundos alternos donde lo útil fuese, en todo caso, un lacónico mal necesario, como sucedía en la antigua Grecia.

Embelesarse con la retórica utilitarista es un error monumental, mucho más cuando a través de ésta se pretende embarcar a las universidades en un periplo regresivo y oscuro. Mutilar el pensamiento y el lance estético es un lance ominoso porque la producción de riqueza es un acto encadenado fatalmente al mundo de las necesidades biológicas y los intereses económicos, pero opuesta a una concepción integral de la inteligencia y, por tanto, contraria a la real libertad de la especie.
 




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