Friday 02 de December de 2016

Versión irónica del racismo

Elizabeth Sánchez Garay      8 May 2014 22:00:07

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La narrativa irónica es singularmente interesante porque invita al lector o espectador a participar de manera lúdica en el juego interpretativo.

A diferencia de aquellos relatos donde las concepciones sociales, políticas o existenciales del creador saltan a la vista y quien recibe la información solo puede asumir una actitud pasiva de aceptación o rechazo a los juicios expresados, las narraciones irónicas nunca dicen las cosas de manera directa, sino que sugieren, interrogan, comparten dudas o utilizan la simulación para dificultar las posibles interpretaciones.

El uso de la ironía puede tomar distintas modalidades. Por ejemplo, el disimulo es de gran ayuda para realizar críticas en sistemas totalitarios, donde la denuncia directa puede traer consigo graves consecuencias para quien la realiza. No es gratuita la existencia de grandes escritores ironistas en Latinoamérica.

Asimismo, la literatura o el cine irónicos pueden presentar problemas existenciales, sustentados en el reconocimiento de las paradojas de nuestros saberes, con el fin de matizar aquello considerado como verdadero.

La ironía también ha llegado a las series televisivas. Prueba de ello es que los protragonistas, a diferencia de los de antaño, ya no son totalmente buenos o radicalmente malos, sino que muestran tal cantidad de matices que resulta casi imposible calificarlos.

Esta semana pude disfrutar un programa televisivo que utiliza la ironía de manera muy divertida. Me refiero a un capítulo de Lilyhammer, serie original de Netflix, protagonizada por Steven Van Zandt, quien interpreta a Frank Tagliano, un exmafioso de Nueva York que entra en un programa de protección de testigos y decide mudarse a una pequeña localidad de Noruega.

Lo entretenido de la serie es que Frank, al tiempo en que debe adaptarse a las rígidas y políticamente correctas costumbres noruegas, continúa comportándose como un mafioso capaz de coaccionar a quien intenta detener los proyectos en los cuales se involucra. El personaje es amable y agresivo a la vez, vengativo y generoso, buen compañero y malo para acatar órdenes.

El capítulo es de la segunda temporada y se llama Fuera de África. Trata sobre las reglas contra el racismo que, de una u otra manera, los noruegos incumplen, incluyendo los trabajadores sociales que ayudan a los migrantes a su proceso de adaptación en el país, a través de juegos que son, irónicamente, racistas.

En cambio, Frank, el mafioso, valora las cualidades individuales de un excelente chef que es un negro africano y gay, pero todo es mostrado de una manera sutil y con un gran sentido del humor. Por cierto, los guionistas y productores son noruegos con nítida capacidad de autocrítica. Eso es, precisamente, el valor de la ironía.




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