Saturday 10 de December de 2016

Calaveras literarias

Raúl Muñoz del Cojo      1 Nov 2013 22:10:04

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Si mi memoria no me falla, el año pasado tuve la oportunidad de escribir en mi columna acerca del Día de Muertos y del significado de los altares que por tanto tiempo y tradición hemos hecho los mexicanos.

En esta ocasión, aprovechando la buena fortuna de que el Día de Muertos es en sábado, les hablaré de las calaveras literarias que conocemos actualmente como una composición en verso tradicional en nuestro país y que suelen escribirse en vísperas o para el Día de Muertos.

Estos escritos nacieron en el siglo XIX y antiguamente eran conocidos como panteones; surgieron a modo de epitafio burlesco para expresar ideas y sentimientos que en otras oportunidades sería muy complicado decir. Con frecuencia este tipo de impresos eran censurados o destruidos por la policía en la época colonial, ya que generalmente servían como medio para expresar el descontento de las personas con los políticos de aquellos tiempos.

Las primeras calaveras impresas fueron publicadas en 1849 en el periódico El Socialista de Guadalajara.

Los dibujos que suelen acompañar a estos versos son la Catrina o calavera garbancera, figura creada por José Guadalupe Posada y bautizada por el muralista Diego Rivera. Gerardo Murillo (Dr. Atl), en su libro Las artes populares en México, describe la calavera como de intención aguda y eminentemente popular, que tiene su fuerza y eficacia en el arte de decir.

Por otro lado, la cercanía con el vecino país del norte ha fusionado en algunos lugares la noche de brujas norteamericana con nuestro muy mexicano Día de Muertos, en consecuencia, es más fácil disfrazarse de algún personaje de película de miedo que hacer un altar de muertos o sentarse y escribir unos versos divertidos e interesantes para el día al estilo de las calaveras literarias.

Quiero también aprovechar este espacio, la fecha y el tema para reconocer el trabajo de Don Fernando Frías y familia, quienes mantienen viva la tradición de las calaveras literarias en El Mineral donde, si Pitágoras no me engaña, estarán publicando la edición 86 de sus calaveras este fin de semana.

Enhorabuena y gracias por conservar por tanto tiempo esta tradición tan divertida y mexicana.

A modo de ejemplo, cito unas calaveras de mi cosecha, dedicadas a amigos que me han acompañado en este ciclo de la asociación de hoteles que tengo la fortuna de vivir y compartir con ustedes. Claro que me faltarán varios, pero espero entiendan que, como lo dije anteriormente, son solo una muestra.

Siempre quise reconocer
a la gente más valiosa;
espero no olvidar a nadie
y tampoco hacerlo en prosa.


Hoy la muerte me llamó
para ayudarla en un asunto,
su problema, la ocupación,
en el camposanto un solo difunto.


De turismo quería un secretario,
el mismo del gober Alonso
bueno pa’ la obtención de recursos
y de paso nada sonso.


Necesitaba un tesorero
que le llevara bien la plata
para el manejo del dinero
y que tampoco fuera rata


Al Hostal del Río llegó
para hacer una maldad,
a la contadora Anita llamó
sin dudarlo a la eternidad.


Una ama de llaves quería
este flaco flaco personaje
enfocada en la hotelería
y disfrazada de agente de
viaje.


De negro paseaba esta dama
en pasillos y corredores,
brincaba de cama en cama
a ver si encontraba errores.


Con la limpieza era muy dura,
hacía berrinches y tango;
perdió una noche la cordura
murió Gaby Villalpando.


Muy conocedor de caballos
y dedicado a la hotelería,
fumaba muchos cigarros
exhalaba humo y sonreía.

Muy güerito y fashionista,
elegante y refinado,
lo quería como recepcionista
del hotel de los finados.


Una clienta le llamaba,
de sus caricias pedía tres.
Coqueta lo llevó a la cama,
se murió Salim Valdés.

Un botones le faltaba
para este su hotel eterno;
la parca muy seria pensaba
no había nadie en el averno.

Su plan para alguno encontrar
fue organizar un jolgorio,
Decidió segura y sin vacilar
contratar al Hotel Emporio.

Al llegar a esta posada
se metió en la dirección,
preguntó por Fredy Peña,
quien yace ahora en el panteón.


Solo quiero, para terminar,
agradecer de su lectura el detalle;
ya me cansé de vacilar,
me voy con la flaca a la calle.


Disfruten de las tradiciones este fin de semana y enseñen a sus niños a decir “que el muerto quiere camote, si no se le cae el bigote” o en su defecto “que la viuda quiere una ayuda para su pobre criatura”. Como siempre, gracias y hasta la próxima.




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