Wednesday 07 de December de 2016

Cansarse 

Juan Carlos Ramos León      3 Nov 2013 22:00:05

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He estado siguiendo en la televisión una serie que se llama “Breaking Bad”. Trata de un maestro de química en una preparatoria de los Estados Unidos que, al enterarse de que tiene cáncer, decide dedicarse a fabricar y vender metanfetaminas para dejar a su familia en una mejor posición económica en el caso de que él le llegara a faltar.

En más de un episodio el personaje principal deja entrever su insatisfacción con las retribuciones económicas y sociales que una persona honesta puede lograr en contraste con las de aquellas que ascienden a condiciones desahogadas mediante caminos cuestionables.

La pregunta ¿puede alguien cansarse de hacer el bien? La respuesta es y será siempre sí. Sobre todo cuando, como este profesor, se voltea a ver al de a lado y se nota que las cosas le marchan mejor sin tanto esfuerzo y gracias a tener “buenos amigos”. También es fácil cansarse de hacer el bien cuando la escala de valores que se tiene es frágil o está mal orientada.

Hacer el bien no promete caminos de abundancia material, o por lo menos no siempre. Hay quienes dicen que ser “buena gente” es pariente de algo más, algo tan feo de leerse que es mejor no escribirlo. Y, en este orden de ideas hay quienes piensan que si a alguien no le va bien es por… eso. Nunca dicen “es que es una persona muy recta y siempre hace el bien”.

Vivimos inmersos en una sociedad que ha puesto boca abajo su jerarquía de valores colocando la avaricia en el vértice y la honestidad en el sótano; una sociedad que aplaude cosas que antes condenaba y condena cosas que antes aplaudía. Una sociedad que nos propone modelos de vida sin ningún sentido ético ni moral pues se trata de conceptos que sólo estorban a la auto procuración de riqueza.

Es muy fácil pensar ¿cómo no cansarse de hacer el bien cuando lo único que logras con ello es que te vaya mal? Dicen por ahí que “el que no transa no avanza” y es muy común escuchar, con respecto al papel de nuestros gobernantes, “pues que roben, sí, pero también que hagan, ¡ni modo que no roben!” como si una cosa justificara a la otra, es decir, como si el fin justificara los medios y como si la transa nos viniera en los genes.

Hay una y una sola razón para seguir haciendo el bien aunque nos cansemos de ello y se trata de una razón de esperanza, no más: el bien prevalecerá por encima de todo.

Venga aquí a manera de incentivo para todos aquellos que alguna vez hemos sido tentados por el deseo de dejar de hacer el bien, una frase del apóstol san Pablo que plantea: “no te dejes vencer por el mal, antes bien vence al mal con el bien”.

 




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