Monday 05 de December de 2016

Cantinas y borrachos en Jerez

Javier Torres Valdez      11 Nov 2013 21:10:05

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Pocos son los que se acuerdan, pero en el Portal Inguanzo, existió una cantina mejor conocida como Bar Monterrey, la que llenó toda una época, pues solo rivalizaba con ella La Oriental, que se encontraba en la esquina donde ahora existe Regalos Gersy; la novedad de estos establecimientos era porque tenían sinfonolas en las que por 20 centavos interpretaban la canción escogida. Y se hacía el deleite de los que estaban dentro y fuera de esos negocios.

Eran aquellos tiempos en que no existía ni la televisión, ni el teléfono, o el servicio eléctrico; los que tenían radios de baterías eran los únicos que podían escuchar los programas de la W Radio, música y noticias.

Los discos que usaban estos aparatos eran aquellos grandes y pesados de 78 revoluciones por minuto.

Cuando había un éxito era necesario comprar cuatro del mismo para reponer el que se “rayaba”, de tanta tocada.

El servicio eléctrico solo existía de 7 a 12 de la noche y su voltaje era escaso; en ocasiones los focos daban una mortecina luz, que hacía lucir tétrico al pueblo.

Don José Huízar y Don Enrique Acevedo, siendo personas con imaginación, adquirieron pequeñas plantas de luz, con las que alumbraban sus negocios y ponían en funciones sus sinfonolas. Huelga decir que estos antros estaban llenos diariamente, dado que entre otras cosas, eran los únicos lugares donde se podía consumir cerveza, pues fue hasta el sexenio del presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines, cuando se autorizó la venta en tiendas de abarrotes y farmacias.

Lo anterior produjo entusiasmo entre los miembros de la Cámara de Comercio en pequeño, pues vieron aumentar sus ingresos, mientras que los bares empezaron a vender menos.

En aquellas fechas en cada pilar del portal mencionado existía una vendedora de tacos, enchiladas, o pollo con papas; aquellos que deseaban consumir pozole o birria debían acudir al Portal de las Palomas.

En la venta de la cena, las dueñas del puesto eran auxiliadas por jóvenes mujeres, quienes en ocasiones llevaban otra clase de arreglos con los clientes y como tampoco había bandas, en ese portal no se organizaban bailongos con mujeres clandestinas, como en la actualidad; eran mejores tiempos pues no había prostitutas callejeras, las que habían se concentraban en una lugar llamado El Oasis.

En las cantinas mencionadas, eran populares “los changos”, cubas, "submarinos" y los tragos “de a nada”. “Los changos” eran simplemente tequila con coca, las cubas ron con coca; los "submarinos" era una copa de tequila dentro de un vaso, que se terminaba de llenar con cerveza y los tragos “de a nada” eran cocteles que se hacían con sobras de los demás clientes y eran la bebida de los borrachines que no alcanzaban a juntar un peso.

Cuando en algunos casos algún cliente se ponía necio por los tragos, entonces le servían “la de la casa”, que era un coctel de ginebra con tequila y vodka con azúcar.

También vendían “las medias cuadras”, que era una mezcla que compraban los que no tenían dinero para comprar varios tragos, les llamaban “medias cuadras” porque decían que quien se los tomaba, no alcanzaba a caminar más que media cuadra.

Pasaron algunos años y fue cuando se instaló Bonifacio Colmenero con su cantina, que rápidamente se hizo popular por sus ricas botanas y el incomparable “caldo de oso”, que era solamente caldo de camarón, pero con un exquisito condimento, que hacía que los clientes pidieran “las otras”.

Cuentan que en Jerez después de la Revolución y antes de la Guerra Cristera hubo cantinas para los catrines, quienes por aquellos tiempos vestían trajes con polainas y sombrero de bombín o carrete y me tocó conocer a miembros de la familia Varela que siempre vistieron con elegancia.

Don Carlos Acevedo fabricaba algo que decía era mezcal, pero que los catarrines del pueblo bautizaron como “guachicol”, que era un 20% de verdadero mezcal, otro 20% de alcohol de caña y un 50% de agua, metía la mezcla en barriles de madera y le agregaba varios lazos de lechuguilla, para que “agarrara sabor”. Esta bebida costaba 40 centavos en el vaso llamado “veladora” y los clientes eran Calayo, Simplicio, la Madre Chona, El Caballo y La Ticha.




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