Saturday 10 de December de 2016

Caso Zoila: el desconcierto como normalidad

J. Luis Medina Lizalde      25 Dec 2013 21:00:05

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La desaparición de Zoila Edith Márquez Chiu el 7 de diciembre y su regreso al hogar el lunes 23 del mismo mes nos muestra el nivel de desconcierto e indefensión colectiva en el que nos mantenemos desde que alteró la cotidianeidad de Zacatecas la delincuencia organizada, cuando masacró policías a la salida de Jerez a Tepetongo en una matanza impune de la que el próximo sábado 28 de diciembre se cumplen 6 años.

Lo primero que resalta en el asunto de Zoila es que se fue a quién sabe dónde por su propia voluntad y que del mismo modo regresó cuando lo decidió, a pesar de que su búsqueda implicó el más grande esfuerzo institucional conocido desde que las desapariciones forzadas se tornaron frecuentes en Zacatecas.

La persona buscada no era un viejo lobo de mar en eso de escabullírsele a los cuerpos policiacos como Caro Quintero ni viajaba con maletas repletas de fajos de dólares para “llegar a un acuerdo”, como es común que lo hagan los capos del narcotráfico, era una convencional y joven ama de casa que incursionaba en un medio informativo realizando tareas muy ajenas a los temas candentes.

Según la información que proporciona el procurador de Justicia, Arturo Nahle, Zoila ni siquiera se tomó el trabajo de irse por donde es habitual que los delincuentes transiten para eludir a las Unirse: los caminos de terracería por donde circula la delincuencia organizada con más seguridad que en las carreteras de cuatro carriles en donde nunca falta algún conductor ebrio o con excesiva urgencia de llegar pronto.

Las casi dos semanas de ausencia de Zoila permiten advertir que algo no está bien atendido cuando se busca a alguien del que se tienen imágenes que se trasalada en un automóvil perfectamente identificado por carreteras cubiertas por cámaras de vigilancia y sin que la persona buscada se cambie el peinado siquiera para despistar a los sabuesos.

Vino a mi mente la rápida localización y captura de los homicidas del pagador de la antecesora de la Junta Estatal de Caminos, localizados en una playa de Nayarit cuando se disponían a “darle vuelo a la hilacha”. Eso sucedió, si la memoria no falla, en los años finales de los 70 del siglo pasado, cuando ni siquiera soñábamos con las innovaciones tecnológicas que hoy deberían potenciar al infinito la eficacia investigativa de la policía.

Cuando lo malo no es que suceda, sino que se sepa
El caso demostró que en Zacatecas, ni sociedad, medios de comunicación y Gobierno damos el mismo valor a las personas. El caso de Zoila mostró a una procuraduría atenta de los detalles, accesible para la familia y compañeros de la presunta víctima, a un gobernador preocupado.

El hecho de que la nota saliera en los medios nacionales y tomara cartas Reporteros Sin Frontera metió presión que mucho hubiera sido útil en casos como el de Eleazar Romero Fernández, Juan Carlos Guardado, Carlos Viramontes, el nieto del señor Almanza, sustraído violentemante en los mismos momentos en que asesinaban a su infortunado abuelo, el del jóven experto en informática al servicio del Tribunal Superior de Justicia, en Benjamín Borrego, en el joven estudiante del Tecnológico de Monterrey, miembro de conocida familia minera y en muchos otros casos.


Dentro de las innumerables tragedias que no han sido registradas por los medios de comunicación y que no han merecido pronunciamiento alguno de la autoridad sobresale la de los jóvenes aprehendidos en un aparatoso operativo en patrullas con logo y por individuos con uniformes de la Policía Federal en Estancia de Ánimas, Villa Gonzáles Ortega, todo ello a plena luz del día.


Todo por mentir se acaba
El episodio que Zoila desató subraya que a la autoridad no le creemos ni cuando dice la verdad. Arturo Nahle señaló más rápido que tarde que Zoila no había sido secuestrada, que su proceder era consecuencia de una problemática familiar.

La filtración publicada por Imagen lleva su mal escondida marca, pues el diario sólo difundía lo que desde días previos era ampliamente comentado en los pasillos de la procuraduría, pero tanto silencio ante las recurrentes desapariciones y secuestros, tanta obviedad en la estrategia de minimización, tanto insistir en compararnos con los que están peor que nosotros, tanto decir que “es percepción”, que a Nahle no le creyeron los cibernautas ni los periodistas ni los padres de Zoila, ni el perito que concluye que Zoila no era la que manejaba el auto videograbado a su paso por Las Arsinas.

El regreso de Zoila es la constatación de que a la autoridad no se le dá crédito ni cuando dice la verdad ¿por qué será?

Nos encontramos el lunes en El recreo.
 




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