Saturday 10 de December de 2016

Cede el clima ante imponente procesión

Lucía Dinorah Bañuelos      26 Mar 2016 01:53:08

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  • Las imágenes que procesionaron fueron debidamente arregladas con frescas flores. (Mariana Hernández) Las imágenes que procesionaron fueron debidamente arregladas con frescas flores. (Mariana Hernández)
  • Niños cofrades que resguardan el Santo Entierro. (Mariana Hernández) Niños cofrades que resguardan el Santo Entierro. (Mariana Hernández)
  • Jesús Nazareno, de Mazapil, es una de las joyas de arte sacro del estado. (Mariana Hernández) Jesús Nazareno, de Mazapil, es una de las joyas de arte sacro del estado. (Mariana Hernández)
  • Alumnos del Colegio López de Lara integran la cofradía El Calvario de Chepinque. (Mariana Hernández) Alumnos del Colegio López de Lara integran la cofradía El Calvario de Chepinque. (Mariana Hernández)
  • La banda sinfónica del estado encabezó el cortejo. (Mariana Hernández) La banda sinfónica del estado encabezó el cortejo. (Mariana Hernández)
  • Miles de personas observaron la representación. (Mariana Hernández) Miles de personas observaron la representación. (Mariana Hernández)
  • El presidente de la asociación, Alfredo Saucedo, entregó un reconocimiento al gobernador y funcionarios. (Mariana Hernández) El presidente de la asociación, Alfredo Saucedo, entregó un reconocimiento al gobernador y funcionarios. (Mariana Hernández)
  • De ocho a 30 personas cargan un anda. (Mariana Hernández) De ocho a 30 personas cargan un anda. (Mariana Hernández)
  • Policías estatales se caracterizaron como soldados romanos. (Mariana Hernández) Policías estatales se caracterizaron como soldados romanos. (Mariana Hernández)
  • Madres e hijos marchan al mismo ritmo. (Mariana Hernández) Madres e hijos marchan al mismo ritmo. (Mariana Hernández)
  • Antes de ceder, el viento apagó velas y cirios en repetidas ocasiones. (Mariana Hernández) Antes de ceder, el viento apagó velas y cirios en repetidas ocasiones. (Mariana Hernández)
  • Las damas de negro acompañaron a María en su duelo, por la muerte de su único hijo. (Mariana Hernández) Las damas de negro acompañaron a María en su duelo, por la muerte de su único hijo. (Mariana Hernández)
  • Las damas hebreas llevaron en cojines los objetos de la crucifixión. (Mariana Hernández) Las damas hebreas llevaron en cojines los objetos de la crucifixión. (Mariana Hernández)
  • Policías estatales integraron la Guardia Pretoriana. (Mariana Hernández) Policías estatales integraron la Guardia Pretoriana. (Mariana Hernández)
Imagen de


Puntual, a las 8 de la noche, inició a paso lento la Procesión del Silencio. Poco a poco todo se iba acomodando para que saliera como estaba programada. 

El viento, que por la tarde convirtió en todo un reto el arreglo de las andas, dio tregua y se apaciguó para tranquilidad de cientos de fieles devotos, pues temían que si no sujetaban bien las imágenes podrían venirse abajo. Nada paso.

También el frío que calaba al respirar cedió mientras damas de negro, penitentes, costaleros y bandas iniciaban su marcha en la procesión de carácter penitencial.

Para las 6 de la tarde la calle Abasolo y la García Salinas y la plazuelita se convirtió en un barullo que más tarde sería acallado por la solemnidad de la procesión.

Unos llegaban con sus atuendos puestos; otros se hacían a un rinconcito para ponerse el hábito y, si llevaban, el capirote. 

Lento caminar

Enmarcada con notas fúnebres entonadas por la Banda Sinfónica de Zacatecas, el contingente inició la procesión que este año abría una Guardia Pretoriana de cinco jinetes y cinco a pie, quienes llevaban en las manos objetos de la crucifixión: el látigo, la corona de espinas, la lanza…

Los alumnos del colegio Guillermo López de Lara se alistaban de mano de sus madres para iniciar el recorrido, mientras algunos de los padres hacían las veces de costaleros cargando la pequeña imagen del Calvario de Chepinque. 

Los monaguillos a su paso iban quemando incienso que envolvía el ambiente con un aroma religioso.
Desde la calle Abasolo, justo desde el monumento al minero hasta Catedral, las banquetas lucieron atiborradas; en Santo Domingo, donde uno de los caballos de la Guardia Pretoriana dio un resbalón, no cabía ni un alma más.

A pesar de los esfuerzos para uniformar la vestimenta “interior” de los cofrades, procesionaron con tenis y ropa de colores cubierta por los hábitos. 

En las columnas de damas de negro, igual se veían señoras concentradas en sus rezos que otras, por lo general las más jóvenes, que llevaban una intrigante conversación.

En la procesión por igual participaron mujeres, hombres, ricos, pobres, jóvenes, viejos y niños, pero todos con la misma devoción, pues todos participaron porque quisieron.

A las 9 de la noche salió la última anda de la calle Abasolo, la de Nuestra Señora de la Soledad, majestuosa, iluminada por 130 cirios, aunque en el trayecto las leves ráfagas de viento que por momentos se sentían, apagaron la mitad. 

La ambulancia que abría paso al contingente hizo parada en a la altura del Congreso local, ahí la Banda Sinfónica y las bandas de guerra hicieron una pausa de casi 10 minutos a la espera de que se alinearan las demás cofradías. 

De pronto, un ruido extraño llamó la atención de espectadores y cofrades, era como el zumbido de una gran abeja, todos voltearon a ver de qué se trataba: era un drón que desde las alturas tomaba testimonio de la

Procesión del Silencio.

Entre la multitud se oyó un niño que le preguntó a su padre: “Papi, ¿por qué le pega?”, se refería al romano que azotaba, con movimientos reales, a un cristo atado a una columna. 

El padre sólo acató a decir; “es mi Padre Dios que murió por nosotros”.

Los caballos no llevaron calzona, como se ofreció, y a la altura del Jardín  de la Madre quedó una pequeña montaña de excremento que el joven que llevaba la cruz de guía de la cofradía La Oración del Huerto tuvo que rodear. El muchacho iba descalzo en penitencia.

A la llegada al Portal de Rosales, un aroma a churros y fritangas invadió el ambiente, pero el ruido habitual estaba “sofocado”. 

En Plaza de Armas todas las cofradías tomaron un lugar, formadas, a la espera de la bendición del obispo, mientras el padre Antonio Soto, comisario y director espiritual de la Procesión del Silencio, explicaba cada una de las imágenes que arribaban.

Hablaba de acontecimientos recientes y lamentables como los ataques Bruselas, entre rezos de estaciones (el rezo de un Padre Nuestro y Ave María).

Los costaleros hicieron un esfuerzo monumental, al introducir el anda de El Calvario de Fátima entre las gradas, la Virgen lucía esplendorosa entre flores.

No hubo bendición del obispo; el presidente de la asociación, Alfredo Saucedo, entregó reconocimientos al gobernador Miguel Alonso, al alcalde Alfredo Salazar, así como a funcionarios, entre ellos Gustavo Salinas Íñiguez, director del IZC, y Jesús Pinto, secretario de Seguridad, además de los directores de las bandas participantes.

Hubo uno muy especial, dirigido a Rito Delgado Tijerín, quien entregó más de 20 años de su vida a celebraciones religiosas como esta. 

Tras el redoble de tambores, el reconocimiento póstumo fue recibido por su familia.

El graderío no estaba repleto como en noches anteriores y pocos hacían coro a los cánticos que se entonaban entre estación y estación, pero los penitentes estaban satisfechos porque habían cumplido su propósito, expresar su fe.




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