Friday 24 de February de 2017

Centenario: la patria restaurada

Sergio García Castañeda      17 Jun 2014 11:15:42

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La batalla de Zacatecas fue el epilogo de una lucha cruenta que tuvo la virtud de restaurar la República del arrebato de que fue presa  por la dictadura de Victoriano Huerta. 

Si bien es cierto que el contenido ideológico de esta transición política estuvo marcado por el “Plan de Guadalupe” que imponía la hipótesis de desconocer al gobierno espurio de Huerta y la desaparición de los poderes legislativo y judicial de toda la federación.

Así pues, se atribuía al nuevo poder constituyente el deber de convocar a elecciones libres. Claro está que era un plan muy romántico, dado que habría que armonizar los intereses parciales de cada uno de los generales que les latía su corazoncito por la presidencia de la República.

La Toma de Zacatecas fue el paradigma del triunfo de la República, pero ello no fue gratuito, era necesaria una guerra civil entre militares federales e insurgentes provenientes de diferentes puntos de los estados del norte, como el caso de Pánfilo Natera jefe de la División del Centro.

El Plan de Guadalupe reconocía a Venustiano Carranza como jefe máximo del ejército constitucionalista.  Pero quien se lleva los altos  honores como organizador de la División del Norte fue Francisco Villa, no obstante que la estrategia esencialmente militar fue de Felipe Ángeles. 

El plan era defender con las armas y no con la ideas la soberanía de los estados y del gobierno federal, de allí que Zacatecas fue la clave para derrocar a Huerta y preparar una asamblea constituyente que diera paso al nuevo estado constitucional moderno de 1917.

De manera que hay que señalar que el Plan de Guadalupe no fue una especie de asamblea general constituyente para establecer un nuevo constitucionalismo, sino un punto de acuerdo en donde varios generales compartieron la idea de derrocar la dictadura y  la transitar hacia  la democracia.

Por tanto aquí no se establecieron los dogmas revolucionarios, estos vinieron después, cuando la constitución hizo suyos los postulados de los nuevos derechos sociales de esa época. 

De igual manera no se inauguró el Partido Nacional Revolucionario, ni el presidencialismo ni la instauración de un sistema caudillista, esto vino después de la segunda dictadura de Adolfo de la Huerta.

Podemos decir que estos fenómenos políticos han sido el fetichismo de la revolución.

Zacatecas fue el campo de una batalla sangrienta, es cierto, pero también fue el inicio de una revolución ideológica, en ella participaron grandes pensadores, aunque sobresalieron los generales que imponían la fuerza sobre la condición moral. 

Por consiguiente, Zacatecas debe restaurar su lugar en la historia y, ser el punto de partida del México moderno y democrático, por lo cual debe tener la autoridad moral de erradicar cualquier indicio que huela a dictadura, autoritarismo, corrupción y a presidencialismo.




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