Wednesday 07 de December de 2016

Cíclica cortina de humo

J. Luis Medina Lizalde      9 Oct 2013 21:10:05

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Otro globito distractor aparece en el escenario político, el Pacto “por México” anticipa que en los próximos días se turnará a las cámaras la propuesta para la enésima reforma política, continuando el juego sui géneris de tapar el pozo después de ahogado el niño que la clase política inventó a partir de 1988.

Después de elecciones cuestionadas se abre un periodo de debate en torno a las reglas electorales, introduciendo cambios en la legislación que terminan por revelarse insuficientes en el siguiente proceso electoral.

El tema que más comentarios suscita es el relacionado con la creación de un Instituto Nacional de Elecciones, con la consiguiente desaparición de los órganos electorales locales. A los impulsores de la propuesta los une la convicción de que los órganos electorales locales son controlados por los gobernadores y, por lo tanto, no están en condiciones de garantizar imparcialidad.

La insatisfacción electoral ciudadana es incontrovertible, aunque la misma no se circunscribe a los procesos locales ni tiene como factor principal, ni mucho menos único, la regulación jurídica.

Pocos avances, muchos tropezones
Nuestra historia electoral registra avances incuestionables, algunos de los más significativos y sin pretensión de exaustividad son: el voto de la mujer, la ciudadanía a los 18 años, la supresión de la función de colegio electoral de la Cámara de Diputados, el relevo de la Secretaría de Gobernación como organizadora de los procesos y la asignación de tiempos oficiales en los medios electrónicos a los partidos políticos en contienda, etcétera.

Hay también muchos impulsos fallidos, entre los que sobresalen: La ciudadanización del IFE, que devino en caricatura cuando se impuso la integración del Consejo General mediante cuotas partidistas; la confirmación del Tribunal Electoral a partir de hegemonías parlamentarias, que va por el mismo rumbo; la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, que ha sido totalmente irrelevante; la regulación del dinero en las campañas, que es precarísima, y las sanciones que carecen de fuerza disuasiva.

Las entidades federativas trasladan a lo local las virtudes y los defectos de lo instituido en el plano federal; hay algunas golondrinas que no hacen verano, como la segunda vuelta en las elecciones locales de San Luis Potosí.

Con estos datos vale preguntarse dónde radica el nudo que no acertamos a deshacer, empezando por preguntarnos si el instituto federal sería un eficaz muro de contención contra la intromisión de los gobernadores en los comicios. Para ello hay que echar un vistazo a los nombramientos de delegados federales y veremos que los gobernadores son determinantes.

Otro elemento a considerar es el referente al tradicional espíritu faccioso del que hacen gala los gobernantes en México y que satura las instancias oficiales de operadores partidistas en detrimento de la institucionalidad, lo que expone al dichoso Instituto Nacional de Elecciones a la instrumentación grosera a favor del partido en el poder.

Veamos la penosa manera de bajarse del tren del IFE del otrora respetado jurista Sergio García Ramírez, cuyo desempeño como consejero electoral arruinó la aureola que con tanto esmero había logrado para marcarse como un vulgar operador partidista de usos múltiples.

La realidad de nuestras elecciones es lo frustrante de siempre, a pesar de que hace poco más de 100 años nos enfrascamos en una guerra civil de siete años de duración, motivada por la inutilidad del sufragio; en el siglo transcurrido se consolidó la deformación cívica que le quita todo valor al voto para ponerle precio.

Entre el poder y la cárcel
El tráfico de la pobreza se convirtió en la habilidad determinante de victorias y derrotas y la corrupción política se volvió un muestrario de virtudes de practicantes de la política carentes de ataduras ideológicas y morales, cincelando una clase política de sombríos perfiles.

J. Jesús Lemus, periodista que sufrió un injusto encarcelamiento en prisiones de alta seguridad y que aprovechó para escribir un libro donde plasma las semblanzas de los más temidos delincuentes, actualmente recluido, nos regala el siguiente testimonio a cargo del tristemente célebre Daniel Arizmendi López, El Mochaorejas, que al ser inquirido sobre si tenía amigos en el gobierno responde: “a manos llenas, y si supieras con quién llegué a reunirme para ayudarles en sus campañas con algo de dinero, te ibas de nalgas, o nos mandan matar aquí mismo a todos los que estamos aquí”, (Los Malditos, crónica negra desde Puente Grande, página 29, capítulo “El Mochaorejas”, Ed. Grijalbo).

Con un órgano nacional de elecciones o con órganos locales, los problemas torales de nuestra defectuosa democracia no se resuelven con la enésima reforma político-electoral; una auténtica reforma de Estado pasa por hacer realidad la división de poderes, la autonomía del Ministerio Público, la revocación de mandato, la consulta a la ciudadanía con efectos vinculantes, etcétera.
Nos encontramos el lunes en El recreo.







luismedinalizalde@gmail.com
twitter: @ luismedinalizalde




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